Del 16 al 19 de noviembre se realizará la octava edición de El Buen Fin, una oportunidad excelente para adquirir a buen precio aquello que necesitas y no has podido comprar por falta de presupuesto. Pero, ¡cuidado!, ya que también es una ocasión para dar rienda suelta al comprador compulsivo que quizá llevas dentro, actitud que, aunque no lo creas, corresponde a una patología de carácter psicológico.

 

 

Rebecca es una joven periodista adicta a las compras, cuyas deudas en sus 12 tarjetas de crédito le han causado muchos problemas. Para continuar con su estilo de vida consigue un mejor trabajo en una revista donde tiene una columna de tips sobre finanzas personales, al tiempo que miente a sus cobradores y huye de ellos. Gracias a su gran poder adquisitivo, las tarjetas de crédito hacen sentir a Rebecca valorada, pero esto también la convierte en una compradora compulsiva, acostumbrada a alegrías efímeras que experimenta a través de lo que compra. Sus deudas llegan al punto de afectar su relación con amigos y familia, y es en ese momento cuando se da cuenta de que ha tocado fondo.

Aunque Rebecca solamente es la protagonista de la película Loca por las compras, su caso puede ser el de muchas personas de la vida real que disfrutan hacer compras de manera constante y repetitiva.

Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad consumista y materialista que piensa en tener más y, si es posible, más que los demás. Es innegable que en los meses finales del año el consumismo aumenta de manera considerable. El Buen Fin y la temporada navideña son épocas especialmente atractivas para los amantes de las compras, que tienen en el mercado una enorme variedad de productos para elegir, con escaparates cuidadosamente montados y repletos de artículos y ofertas que parecen imposibles de rechazar.

Todos hemos sentido placer por comprar algo que nos gusta. Entrar a una tienda, ver un producto que nos encanta y darnos el lujo de obtenerlo es una experiencia que puede resultar muy placentera. Sin embargo, cuando sentimos ganas de comprar algo que no necesitamos, o cuando esta adquisición de productos se convierte en una motivación de compra persistente, casi irresistible, que se repite de manera frecuente y que genera una sensación placentera, podríamos estar hablando de un patrón conductual conocido como trastorno de compra compulsiva u oniomanía.

En el trastorno de compra compulsiva existe un deseo desenfrenado por comprar sin que exista una necesidad real. La persona adicta obtiene una fuerte dosis de satisfacción y placer momentáneos a través de la adquisición de productos o servicios. Cuando el adicto no es capaz de hacer frente a los problemas personales que lo abruman, inconscientemente busca solucionar sus carencias mediante compras desmesuradas, y la conducta compulsiva es una de vía de escape emocional. El sentimiento real de soledad o vacío personal, así como emociones negativas, como el enojo y la ansiedad ante la incapacidad de enfrentar satisfactoriamente la realidad, conducen a comprar. Posteriormente la compra propicia sentimientos de culpa por haber gastado innecesariamente, sensaciones de malestar y el firme propósito de evitar otro endeudamiento, pero también produce depresión, sensación que sólo se supera a través de una nueva compra. De esta manera la persona adicta queda atrapada en un círculo vicioso.

Según estudios recientes, los compradores compulsivos constituyen entre 1.1 y 5.9 por ciento de la población general, y son las mujeres quienes muestran una actitud más compulsiva en el momento de realizar compras innecesarias que los hombres, además de que ellas reconocen que experimentan emociones más placenteras e intensas en comparación con ellos. Las mujeres suelen realizar compras compulsivas en relación con la ropa, los zapatos y los accesorios, mientras que los hombres que padecen esta adicción tienden a gastar el dinero en aparatos electrónicos y artículos relacionados con las nuevas tecnologías. Además, se ha descubierto que de 80 a 90 por ciento de las personas que padecen el trastorno de compra compulsiva son mujeres que rondan los 30 años de edad.

Como cualquier otro comportamiento adictivo, el de las compras tiene graves repercusiones para quien lo padece, ya que no sólo afecta su situación financiera (los adictos son capaces de dilapidar más de lo que tienen), sino que también pone en peligro su trabajo y sus relaciones personales, así como su capacidad para reconocer su problema y encontrar una solución.

Si tú eres un adicto a las compras, o conoces a alguien que lo sea, aquí te presentamos algunos consejos útiles que puedes tomar en cuenta:

  • Deja tus tarjetas de crédito o débito en casa y carga solamente el dinero que vayas a ocupar, así evitarás la tentación de querer comprar algo para lo que no te alcanza.
  • Evita la tentación. Si no tienes mucha fuerza de voluntad, tal vez debas alejarte de las tiendas por un tiempo.
  • Procura no comprar en momentos en que te sientas eufórico o desanimado.
  • Elabora un presupuesto semanal o mensual y apégate a él.
  • Ignora cualquier tipo de rebajas para impedir que el miedo a perder una buena oferta influya en una nueva compra.
  • Ten cuidado con el internet. Incluso encerrado en tu casa no estás a salvo de hacer compras compulsivas; por eso, procura usar tu computadora o tu teléfono sólo para lo indispensable y evita dar clic en los banners o en las promociones.
  • Acude a terapia. La psicoterapia es necesaria para superar esta enfermedad y para descubrir cómo te percibes a ti misma y de qué forma intentas satisfacer tus necesidades.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

  

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