Hacer juicios previos (prejuicios) sobre una situación o una persona es inevitable, porque todos hemos sido educados en creencias y valores determinados. Pero ¿qué pasa cuando esas creencias se convierten en generalizaciones injustas? ¿Sabes reconocerlas y desprenderte de ellas? Este artículo te invita a reflexionar acerca de los estereotipos que pueden dominar tu vida y que pueden llevarte a hacer juicios negativos e injustos.

 

  

“El color azul es para los hombres y el rosa es para las mujeres”, “Los hombres deben trabajar y las mujeres deben quedarse en casa cuidando a los niños”, “Los hombres no deben llorar”, “Las mujeres no pueden hacer trabajos pesados”, “El futbol es para hombres”, “Las rubias son tontas”, “Las muñecas son de niñas”, “Los gallegos son tontos”, “Los argentinos son creídos”, “Los gorditos son simpáticos” o “Las mujeres no saben manejar”. Sin duda, en más de una ocasión habrás escuchado frases como las anteriores o, incluso, quizá formen parte de tu repertorio habitual. Tal vez las has usado durante algún tiempo sin percatarte de que son frases estereotipadas, reproducidas de boca en boca y que no necesariamente son reales.

Los estereotipos son opiniones respecto de las características (rasgos y conductas) atribuidas a un grupo, es decir, son creencias o ideas organizadas sobre las características asociadas a diferentes grupos sociales, como el aspecto físico, los intereses, las ocupaciones, la nacionalidad, el género, etcétera. Aprendemos y asimilamos estas ideas, que nos han sido transmitidas socialmente por generaciones, y las asumimos como ciertas. Lo anterior nos lleva a hacer afirmaciones generales, ya sean positivas o negativas, sobre un grupo determinado. Así, por ejemplo, el cine de Hollywood puso énfasis en la idea del mexicano flojo que duerme con el sombrero al lado de un cactus y, a raíz de esto, fuera de México se piensa que todos los mexicanos visten un sombrero, aunque solamente un porcentaje de la población se ajuste a esta característica.

Pero no todas las interpretaciones que hacemos suelen ser negativas. Un estereotipo también puede ser positivo o neutral; por ejemplo, generalmente se piensa en los japoneses como trabajadores y disciplinados. No obstante, es más común resaltar los estereotipos negativos, como la falsa creencia de que las mujeres no saben conducir bien.

¿De dónde vienen estas ideas preconcebidas? Principalmente de la educación que recibimos en casa. La familia es nuestra referencia básica, el lugar donde aprendemos las normas de conducta, los hábitos, los valores y las formas de comunicación que nos permiten relacionarnos con otras personas. Los modelos que nuestros padres, abuelos o tíos nos inculcan se convierten en las actitudes y los comportamientos que vamos a adquirir posteriormente, y muchos de ellos están construidos sobre invenciones, estereotipos y prejuicios que no corresponden con la realidad.

Los estereotipos suelen generar prejuicios, ya que inducen a prejuzgar, es decir, a emitir un juicio o una opinión sin tener la suficiente información que la sustente. Los prejuicios son pensamientos y actitudes, por lo general negativas, que un individuo tiene hacia otra persona o grupo de personas. Constituyen una reacción injustificada ante una persona originada por la pertenencia de ésta a un grupo social concreto. Los prejuicios son opiniones acompañadas de sentimientos o de emociones, por lo general negativas. Mientras que los estereotipos son básicamente creencias, los prejuicios son actitudes relacionadas con los estereotipos, es decir, tienen un componente emocional. Por ejemplo, cuando viajas en el transporte público y agarras con fuerza tu bolsa al ver a un hombre con tatuajes, estás actuando bajo la creencia errónea y estereotipada de que los hombres con tatuajes son peligrosos. Si no tuvieras la reacción de agarrar tu bolsa para evitar un robo, tu conducta simplemente sería un estereotipo, pero al involucrar un componente emocional (temor) se vuelve un prejuicio.

Hay muchos prejuicios. Consideremos sólo algunos: todos los musulmanes son terroristas, las personas de clase baja son las que roban, los franceses son sucios, los colombianos son narcotraficantes, las mujeres no saben conducir un automóvil, los hombres son insensibles, los homosexuales son una mala influencia para los niños, los católicos son fanáticos, todos los políticos son corruptos.

Los prejuicios van más allá de la simple categorización de las personas, ya que condicionan nuestra interacción con ellas. Siempre que actuamos guiados por nuestros prejuicios estamos siendo injustos, pues nos basamos en ideas preconcebidas sobre la otra persona, incluso antes de conocerla. Los estereotipos bloquean nuestra capacidad crítica y nos inducen a asumir actitudes prejuiciosas que pueden derivar en prácticas de discriminación y de intolerancia.

Por supuesto, los límites entre los estereotipos y los prejuicios no son siempre claros. De hecho es difícil alimentar los estereotipos sin expresar ningún tipo de prejuicio. Posiblemente la consecuencia más negativa de la existencia de estereotipos es el poder construir, a través de ellos, prejuicios negativos que nos orillen a odiar a grupos de personas por el simple hecho de llevar una etiqueta. El caso del odio racial que impulsó a los nazis a matar a millones de judíos, o a los ruandeses a exterminarse entre tribus de tutsis o hutus, son los ejemplos más claros de lo que pueden ocasionar los prejuicios.

Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido con el derecho de juzgar al otro de acuerdo con su ropa, su color de piel, su forma de actuar, su manera de hablar o de pensar. Estos prejuicios no son beneficiosos para nosotros ni para la otra persona, sobre todo en una sociedad que se vuelve cada vez más intolerante y que tiende a criticar todo negativamente. Aunque hemos aprendido a juzgar a lo largo de nuestra vida, es posible modificar estos pensamientos y conductas y convertirlos en acciones positivas. A continuación te presentamos algunas medidas que podemos tomar:

  • Mantener una mente abierta y flexible para poder evitar prejuicios equivocados.
  • Tomarse el tiempo para observar con detenimiento a una persona o a un grupo antes de actuar impulsivamente o de “etiquetar”.
  • Evitar extraer conclusiones anticipadas al conocer a una persona o a un grupo nuevo de personas.
  • Mostrarse empático con aquellos a quienes se pretende juzgar, para evitar ser juzgado.
  • Tener apertura a nuevos conocimientos y grupos de amigos para ampliar el marco de conocimiento; recuerda que cada ser humano es irrepetible.
  • Tener presente que los prejuicios existen en la mente de cada persona; por lo tanto, ahí debemos eliminarlos.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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