Decía el escritor francés Voltaire que “lo perfecto es enemigo de lo bueno”, dando a entender que es mejor hacer algo bien en poco tiempo que buscar hacerlo de forma perfecta dedicando un tiempo excesivo. Sin embargo, para algunas personas la búsqueda de la perfección puede convertirse casi en una obsesión y, por ende, en una patología.

 

Tienes una reunión de trabajo y una presentación muy importante en la que has trabajado con esmero toda la semana. La noche previa repasas por décima vez tus notas y que la presentación sea correcta, que el archivo esté perfectamente guardado tanto en tu USB como en el correo electrónico y en la nube (por aquello de que alguno falle), y pones tu alarma, la cual también revisas un par de veces antes de acostarte. Al día siguiente, la presentación se desarrolla sin ningún contratiempo pero, contrariamente a lo esperado, no estás disfrutando las felicitaciones que recibes y sientes que tu trabajo pudo haber sido mejor. Si te identificas de alguna forma con estas conductas, tal vez seas una persona perfeccionista.

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define el perfeccionismo como la “tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”. En psicología, el perfeccionismo consiste en la creencia de que se puede y se debe alcanzar la perfección, es decir, en no tener errores, defectos o equivocaciones en lo que se hace.

Lo interesante del perfeccionismo es que para muchos tiene un sentido positivo, mientras que para otros posee un significado negativo; es decir, para algunos representa un valor y para otros un defecto.

En el sentido positivo, la búsqueda de la perfección puede convertirse en un hábito eficaz para alcanzar nuestros objetivos. Las personas que se caracterizan por este tipo de comportamiento establecen altos estándares de desempeño para lograr metas elevadas pero razonables y alcanzables, y no son extremadamente críticas consigo mismas. El perfeccionismo sano genera organización, orden y responsabilidad, sin interferir en el funcionamiento adecuado de cada día.

Por el contrario, el perfeccionismo negativo está relacionado con un intenso malestar cuando los resultados no son los esperados y se manifiesta en emociones como la tristeza, la frustración, el enfado o la culpa. David D. Burns, profesor asistente de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania, definió a los perfeccionistas en la revista Psychology Today como personas que miden su propio valor enteramente en términos de productividad y cumplimiento de objetivos. Los perfeccionistas se asignan objetivos irracionales que pueden crear tensión constante y provocar una eterna insatisfacción por todo lo que hacen; como buscan tener todo bajo control, tienen poca tolerancia a la frustración cuando las cosas no ocurren como las habían planeado.

Estudios clínicos han demostrado que quienes poseen un lado perfeccionista demasiado fuerte están expuestos a un mayor riesgo de sufrir ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, baja autoestima y relaciones personales conflictivas.

A continuación te presentamos algunos rasgos característicos del perfeccionismo negativo, para que puedas descubrir si te encuentras en alguna categoría:

 

Baja autoestima

Cuando una persona sufre un trastorno perfeccionista puede realizar sus actividades con un alto grado de excelencia, pero su percepción irracional la hace creer que su trabajo no ha estado a la altura, a pesar de los elogios de los demás; en pocas palabras, los perfeccionistas nunca se sienten satisfechos por los logros conseguidos.

 

Falta de confianza y seguridad

Como resultado de una baja autoestima, la persona perfeccionista piensa que no le es posible lograr sus objetivos y su percepción de autoeficacia se ve afectada.

 

Culpa

Las personas que se manejan con un perfeccionismo demasiado fuerte se reprochan por pensar que no cumplieron con las expectativas propias ni con las ajenas.

 

Pesimismo

Como el perfeccionista se pone objetivos muy elevados y no reconoce sus propios logros, tiene una visión pesimista de las cosas. De esta forma, vive tenso, pensando en un plan B o en un plan C para solucionar un problema que no ha ocurrido y sin disfrutar el momento presente.

 

Rigidez

El perfeccionista nunca está conforme con el resultado de sus acciones y detesta cualquier error o imperfección, atribuyéndolo a una falta de capacidad para hacer las cosas.

 

Obsesión

Al querer tener todo bajo control, el perfeccionista es incapaz de disfrutar lo que hace, pues siempre está obsesionado por que todo sea “perfecto”.

 

El perfeccionismo desadaptativo puede mostrar sus primeros indicios desde la infancia, cuando los adultos ponen estándares muy elevados a los niños (por ejemplo, en la escuela o en los deportes) y ante el fracaso experimentan culpa o frustración. En la vida académica pueden llegar a pensar que sólo es aceptable obtener un 10 de calificación y que todo lo que no sea alcanzar la excelencia es poco. Como adultos, la excesiva necesidad de ascenso laboral y la obtención de un puesto importante pueden convertirse en una obsesión. En la vida de pareja con frecuencia se produce la búsqueda de la pareja ideal y “perfecta”, pasando por numerosas rupturas por no encontrar a la persona idealizada. En el área social, la necesidad de aprobación externa o la constante comparación con los demás disminuyen la autoestima y generan frustración.

Como se puede observar, paradójicamente, la perfección no siempre es perfecta, pues en muchas ocasiones involucra muchos más inconvenientes que ventajas para nuestra salud física y mental. Ser perfeccionista puede ayudarnos a ser más exitosos en algunas áreas de nuestra vida, pero el exceso de perfeccionismo puede provocar consecuencias negativas, como vivir más tensos, estar más angustiados o no disfrutar los logros.

La psicoterapia resulta muy útil para ayudar a mejorar el uso del perfeccionismo disfuncional, ya que puede trabajar con las creencias rígidas e irracionales, con los pensamientos disfuncionales que nos llevan a grandes niveles de autocrítica y con el miedo ante el error y el fracaso. Asimismo, es importante aprender a aceptar las imperfecciones para llegar a ser personas más tolerantes ante los resultados no deseados.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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