Si has escuchado la palabra “misógino”, o incluso te han dicho que eres un “misógino”, pero no tienes claro su significado, te invitamos a leer algunas de las características que tiene una persona que recibe este calificativo, para que poco a poco vayas corrigiéndolas y tu relación con las mujeres sea más constructiva.

 

La palabra misógino proviene del griego miso, que significa “odiar”, y gyne, que significa “mujer”. Un misógino es un hombre que siente aversión y desprecio hacia las mujeres y todo lo relacionado con ellas. Se caracteriza por condicionar su trato hacia éstas, portándose ofensivo y despreciativo con las personas del género opuesto.

Se ha encontrado que en muchos casos la misoginia es una aversión inconsciente que los hombres crean a una edad temprana en su vida, como resultado de algún trauma relacionado con una figura femenina en la que confiaban; por ejemplo, una madre negligente o abusiva, una hermana mayor que solía hacer las veces de figura materna o una profesora demasiado estricta.

La misoginia es un concepto tan antiguo como la existencia del ser humano.
La falta de confianza y el desprecio hacia las mujeres se ha podido encontrar en todas las culturas desde tiempos remotos y se refuerza con versiones de libros sagrados de varias religiones que la culpan, la relegan y la someten. Así, por ejemplo, Hesíodo, el poeta griego del siglo VII a.C., decía: “Quien confía en una mujer confía en un ladrón”, mientras que Zaratustra, el filósofo persa del siglo V a.C., aseveraba: “La mujer debe venerar al hombre como a un dios. Cada mañana, por nueve veces consecutivas, debe de arrodillarse a los pies del esposo, y de brazos cruzados, preguntarle: ‘Señor, ¿qué deseáis que haga?’” En El Corán, el libro sagrado de los musulmanes, escrito por Mahoma en el siglo VI, se puede encontrar lo siguiente: “Los hombres están sobre las mujeres porque Alá les otorgó la primacía sobre ellas. Por lo tanto, da a los varones el doble de lo que des a las mujeres. Los esposos que sufran la desobediencia de sus mujeres pueden castigarlas: desde dejarlas solas en sus camas hasta incluso golpearlas. No legó al hombre mayor calamidad que la mujer”. Finalmente, el apóstol San Pablo recomendaba a las mujeres lo siguiente: “Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos como al Señor, pues el marido es el jefe de la mujer, como Cristo es el jefe de la Iglesia, cuyo cuerpo ha salvado, y como la Iglesia es sumisa a Cristo; así, las mujeres deben someterse en todo a sus maridos”.

Como puede verse, la misoginia y el machismo han sido promovidos a lo largo de siglos, por lo que no es de extrañarse que en pleno siglo XXI todavía nos encontremos con mujeres que no pueden salir de su casa sin el permiso y la presencia de un mahram, o guardián varón, en la cultura árabe.

Sin embargo, la misoginia no se limita al fanatismo religioso. Es más común de lo que parece, pues estamos rodeados de hombres que se ajustan a este perfil, pero que actúan de manera sutil y poco notable, por lo cual son difíciles de detectar.

A continuación te presentamos algunas características del misógino para que puedas identificarlas y buscar ayuda necesaria en caso de que te encuentres en esta situación:

 

Actitud competitiva hacia la mujer

Un hombre misógino busca cualquier situación personal o laboral para competir con la mujer, generalmente de manera agresiva y poco sana. No puede tolerar que una mujer sea mejor que él social o profesionalmente, por lo que pretende demostrar su superioridad humillándola o maltratándola psicológicamente.

 

Trato diferente entre hombres y mujeres

Sin ser consciente de ello, el misógino trata a las mujeres de manera diferente que a los hombres en el lugar de trabajo y los ambientes sociales; mientras que a los hombres puede permitirle ciertas libertades, a sus colegas mujeres suele criticarlas por realizar las mismas acciones.

 

Abuso y trato irrespetuoso hacia la mujer

El misógino puede concentrarse específicamente en una mujer aparentemente en actitud coqueta o seductora; sin embargo, a esa actitud siguen las bromas, el llevarse “pesado” y hasta las groserías, y lo divertido y lo carismático quedan atrás para dar paso a una actitud de rechazo, agresiva e irrespetuosa sin razón aparente.

 

Culpabilización de la mujer

El hombre misógino encuentra placer en el sufrimiento y la degradación de la mujer y no siente remordimiento alguno por el daño que inflige. Para demostrar su superioridad puede humillarla en público, minimizar sus logros, chantajearla y culparla por algo causado por él mismo hasta que ella crea que se lo merece. También puede presentar una actitud opuesta, donde en público se muestre encantador y sociable, pero tan pronto como se queda solo con la mujer comienza a despotricar contra ella.

 

Violencia física y económica

Como una forma de atemorizar, someter o imponer su voluntad, el misógino usa los recursos económicos o los bienes personales. Si es el proveedor económico de la familia o la pareja, le exigirá a la mujer todo tipo de explicaciones para darle dinero.

 

Degradación del estatus social de la mujer

El desconocimiento de los logros de la mujer, por el simple hecho de ser mujer, es muy común. El misógino buscará menospreciarla y denigrarla en todas sus funciones, considerándola solamente para las labores básicas, sociales y sexuales, como ocurría en la Antigüedad.

 

Agresividad sexual

El hombre misógino se muestra controlador y agresivo en sus relaciones sexuales; sólo sus necesidades tendrán importancia y su comportamiento egoísta no permitirá más formas de hacer el amor que las que a él le satisfagan.

 

Manipulación psicológica

Su comportamiento hacia las mujeres en general es insolente, controlador y egocéntrico. El misógino busca el control sobre los pensamientos y la autoestima de una mujer para poder manipularla a su gusto. Cuando la mujer logra considerarse inferior que el hombre, se vuelve un ser sumiso e indefenso frente a éste.

 

Se podría pensar que las actitudes misóginas de los hombres suelen ser más comunes en sociedades subdesarrolladas, donde el hombre mantiene pensamientos anticuados sobre la mujer en el ámbito profesional y social; sin embargo, no hay nada más erróneo. La misoginia está muy desarrollada en las sociedades modernas y existe en todas las clases sociales. La única manera que tiene una mujer para dejar de seguir siendo víctima de un misógino es fortaleciendo su autoestima y logrando independencia económica, pero el primer paso es reconocer la situación y buscar ayuda psicológica.

 

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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