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¿La masculinidad se identifica necesariamente con la rudeza y con un vestir desaliñado? ¿Puede un hombre cuidar su apariencia y preocuparse por lucir impecable sin ser catalogado como “metrosexual”? Aquí te lo decimos.

La vanidad masculina no es un aspecto de los hombres que culturalmente se acepte abiertamente, pues se considera que algo tan esencial como es el cuidado y el arreglo personal es una frivolidad propia del “sexo débil”. Pero esto no siempre ha sido así. En la historia de la moda el atuendo masculino ha excedido en complejidad y lucimiento al femenino en más de una ocasión. A este fenómeno, durante el siglo XIX, se le identificó como dandismo, que aplicaba la palabra dandy a los hombres que vivían consagrados a su apariencia y a los placeres que sólo sensibilidades superiores podían apreciar.

A pesar del revuelo que causaron los dandies en su época, esta corriente menguó, aunque nunca ha desaparecido del todo. Después en el siglo XX, durante los años sesenta, hubo un intento frustrado de los líderes de la moda —Pierre Cardin, Yves Saint Laurent o Paco Rabanne, entre otros— de quitarle su sobriedad al atuendo masculino para volverlo tan ornamentado o más que el femenino. A este movimiento se le llamó Peacock Revolution (Revolución del Pavorreal).

Pero sólo fue hasta el tercer milenio que, gracias a la manipulación de la mercadotecnia y al estilo de vida urbano, la vanidad masculina reaparecería con todo su esplendor con un nuevo personaje al que el sociólogo estadounidense Mark Simpson bautizó como metrosexual, palabra formada por el prefijo metro, un indicador de metropolitano, ya que a este ser sólo se le puede encontrar en las grandes ciudades.

Para el metrosexual el éxito económico y el atractivo personal son una misma cosa, ya que el cuidado de su imagen es una herramienta más que utiliza para colocarse en la cima del mundo.

Es común cometer el error de asumir que el metrosexual es la versión contemporánea del dandy, pues en realidad son caracteres esencialmente opuestos. Un dandy se caracterizaba por ser independiente del sistema; lejos de ser víctima de la moda, imprimía su gusto sibarita en su manera de vestir. Por el contrario, el metrosexual está a merced de los medios, que dictan qué debe usar. De esta manera podemos entender que un dandy genera su propio estilo, mientras que el metrosexual es un mero expositor de las ideas estéticas de otros. Otra notable diferencia entre ellos es que el dandy jamás necesitó un cuerpo perfecto para lucir impecablemente, mientras que al metrosexual le han impuesto la necesidad de lucir una figura atlética para cumplir con el estereotipo.

¿Eres un metrosexual?

Probablemente a estas alturas, querido lector, te estés cuestionando si tienes madera de metrosexual. Para saberlo basta con que respondas al siguiente cuestionario. Sale sobrando especificar que la mayoría de respuestas afirmativas indica que eres un metrosexual o, al menos, que estás en camino de serlo.

- ¿Tu atuendo desempeña un papel esencial en tu estilo de vida, tanto que sin él te sientes desarmado, incluso profesionalmente?

- ¿Procuras usar sólo ropa de marca?

- ¿Te sientes culpable si no le dedicas dos horas diarias al gimnasio?

- ¿Crees que todo lo que te rodea debe ser un reflejo de tu personalidad exitosa, incluido tu coche, tu casa, tus muebles y hasta tu pareja?

- ¿Debes tener lo último en gadgets tecnológicos, cueste lo que cueste?

- Cuando te paras frente al espejo, ¿cambias tu postura, como si estuvieras fascinado por la imagen que reflejas?

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