Muchas veces nos hemos sorprendido por la inteligencia de nuestras mascotas y hasta pensamos que “sólo les falta hablar”. Y es que su cerebro es un órgano tan complicado, eficiente y maravilloso como el nuestro. Pero a veces ellos también pueden sufrir enfermedades que afectan su sistema neuronal. De esas enfermedades te vamos a hablar en esta ocasión.

 

El cerebro de los perros procesa información de manera muy similar al cerebro del ser humano, sólo que su capacidad de entendimiento no es igual debido a que sus capas celulares y nerviosas son más delgadas.

Sin embargo, el desarrollo del órgano cerebral canino le ha permitido entender nuestro lenguaje, así como nuestras señas, nuestros gestos y nuestras emociones. No sólo se trata de un proceso cognitivo de los animales, sino que la manipulación de la genética de algunas razas ha propiciado el crecimiento de sus cerebros.

Al igual que el nuestro, que se divide en dos grandes hemisferios —el derecho se cataloga como el de la sensibilidad y el instinto, y el izquierdo, como el de la razón, el intelecto y el aprendizaje—, el cerebro de los perros tiene un hemisferio derecho que registra la entonación de nuestra voz, y uno izquierdo, que identifica las palabras, las cuales adquieren un sentido para nuestra mascota que generalmente se relaciona con una recompensa.

En los gatos, a pesar de que su masa cerebral es menor que la de los perros, la corteza es más compleja, pues tiene tres veces más neuronas que en el caso de los canes, lo cual ayuda a que los tengan una mejor memoria a corto plazo. En algunos experimentos, los gatos recordaron con más facilidad dónde se les escondió alimento o un objeto. El perro tiende a olvidar estos datos con más rapidez. Los gatos aprenden y retienen información por medio de la observación y recuerdan un lugar o una acción con mayor facilidad que un perro, pues procesan la información en su cerebro con mayor celeridad que el can.

Pero al igual que el ser humano, los animales pueden padecer problemas cerebrales. A continuación se enlistan algunos: genéticos y degenerativos y provocados por enfermedades virales o por accidentes.

 

Genéticos

Las enfermedades degenerativas, o genéticas, son aquellas que, por el paso del tiempo o por una disfuncionalidad de alguna parte del cerebro, atacan a nuestras mascotas.

  • El Alzheimer, o Síndrome de Disfunción Cognoscitiva, no es una enfermedad exclusiva del ser humano: los animales también la padecen al llegar a la tercera edad y se debe a alteraciones en el cerebro que provocan pérdida de memoria y fallas del proceso cognoscitivo.
  • La meningoencefaliomielitis es una enfermedad común de perros de talla chica, específicamente de la raza pug. Puede presentarse desde una edad temprana del animal, con los siguientes síntomas: convulsiones, marcha en círculos, déficit visual y depresión. La mayoría de las veces el animal fallece.
  • Parkinson. Los perros también pueden padecer esta enfermedad; pero, a diferencia de lo que ocurre con el ser humano, se presenta a una edad temprana, debido a la falta de una proteína que produce un efecto degenerativo en el sistema nervioso central. Sus síntomas son los siguientes: convulsiones y dificultad para caminar y para mantener el equilibrio.
  • La epilepsia es un trastorno provocado por una actividad eléctrica anormal en el cerebro que produce cambios repentinos y de poca duración en el comportamiento del animal. Esta enfermedad es muy común en los perros, y su intensidad aumenta poco a poco hasta llegar a convertirse en espasmos muy fuertes que los extenúan y los vuelven agresivos.

 

Virales

  • Meningitis. Es la inflamación de las membranas que protegen el cerebro, causada por una infección grave de alguna bacteria o virus. Los signos de que el animal ha adquirido la enfermedad son fiebres muy altas e intenso dolor cervical.
  • Moquillo. Esta enfermedad, muy contagiosa entre los caninos, se presenta cuando el animal ha adquirido el virus, el cual ataca tres sistemas muy importantes para la salud del perro; el digestivo, el respiratorio y, finalmente, el neuronal (cerebro). Cuando llega a su última etapa, suele provocar ataques de epilepsia o dejar secuelas que se manifiestan en tics en diferentes extremidades y en la cabeza. Puede evitarse por medio de las vacunas o tratarse con altas dosis de antibióticos y medicamentos especiales para reforzar las defensas del organismo.
  • Rabia. Es transmitida por la mordida de un animal que ya porta el virus. La enfermedad se inocula, por medio de un orificio en la piel, al torrente sanguíneo. Los síntomas se presentan cuando el virus llega a la médula espinal. El virus afecta las zonas del cerebro que controlan la deglución, el habla y la respiración. Los síntomas son los siguientes: alucinaciones, espasmos y parálisis, así como dificultad para tomar agua y comer, lo cual provoca inanición.

 

Accidentes

  • Ataxia. Puede ser provocada por una intoxicación o por un traumatismo y produce alteraciones neurológicas que lesionan las vías de sensibilidad motoras, encargadas de informar al cerebro sobre la posición del cuerpo. Los perros pueden sufrir temblores o vómito, incapacidad de mantener la cabeza erguida y movimientos involuntarios de sus extremidades. Esta afección puede curarse con reposo y antibióticos, aunque en algunos casos se requiere cirugía.
  • Convulsiones y epilepsia. Pueden presentarse a raíz de un golpe en la cabeza, o bien como consecuencia de una intoxicación.

Es importante saber que nuestras mascotas también pueden padecer depresión, la cual podría ser consecuencia de ansiedad o de miedo a ciertas situaciones o a determinadas personas. Asimismo, pueden sufrir trastornos obsesivo-compulsivos que producen situaciones, tendencias y acciones repetitivas perjudiciales para su salud, así como retraso mental y generalmente tiene su origen en cuestiones genéticas o endogámicas o por no haber recibido suficiente oxígeno al nacer.

En cualquier caso, si notas alguna actitud extraña de tu mascota, no olvides llevarlo de inmediato con el veterinario para su revisión.

 


 

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