Aunque cada año aprovechamos la edición de marzo para incluir en Voy&Vengo artículos relacionados con el Día Internacional de la Mujer, en esta ocasión me gustaría volver a poner énfasis en la necesidad que tenemos, como sociedad, de tomarnos en serio el reconocimiento del papel de las mujeres como artífices de la historia —como señala la Organización de las Naciones Unidas— y en luchar por su derecho a participar en la sociedad en igualdad de condiciones con el hombre.

¿Por qué sigue siendo necesario insistir en el tema? Algunos datos del Instituto Nacional de las Mujeres pueden ayudarnos a responder esta pregunta.

De acuerdo con las estadísticas, en México hay una notable brecha entre mujeres y hombres en el mercado laboral: de cada 100 mujeres de 15 años o más sólo participa 43 por ciento, en contraste con 77 por ciento de los hombres, lo cual se traduce en una pérdida de capital humano y de talento femenino: más de ocho millones de mujeres capacitadas que no trabajan para el mercado laboral (las razones de esta desigualdad son variadas: discriminación en las prácticas de contratación, remuneración y ascenso; condiciones de trabajo inflexibles; insuficiencia de servicios, como los de guarderías, y distribución inadecuada de las tareas familiares en el hogar). En cuanto a la remuneración, poco más de la mitad de las personas que ganan hasta un salario mínimo son mujeres, pero las que perciben más de cinco salarios mínimos sólo representan 29.2 por ciento del total. En relación con el uso del tiempo, descontando el que se consagra a cuidados personales, las mujeres dedican 47.7 por ciento al trabajo doméstico, mientras que los hombres dedican sólo 17 por ciento a esa tarea. En el tema de propiedad de la vivienda, las brechas de desigualdad son notables: los hombres son propietarios únicos de 56 por ciento, y las mujeres de 35.3 por ciento, en el ámbito urbano, y en el rural la brecha se incrementa aún más: 70 por ciento para los hombres y 30 por ciento para las mujeres. En cuanto a la toma de decisiones y puestos directivos, sólo 35 por ciento de estas posiciones en la administración pública son ocupadas por mujeres. En relación con la situación de las mujeres y los hombres que no trabajan para el mercado, la mayor parte de ellas se dedican a realizar trabajo doméstico y de cuidados en sus propios hogares, mientras que la mayor parte de ellos son estudiantes. Y sobre el trabajo doméstico, que en su mayoría realizan mujeres, 11 por ciento trabaja más de 48 horas a la semana, 98 por ciento no tiene acceso a instituciones de salud, 75 por ciento gana dos salarios mínimos o menos y 73 por ciento no tiene prestaciones laborales.

Todos estos datos revelan que aún hay muchísimo trabajo pendiente en materia de igualdad, y en la medida en que nos corresponda a cada uno de nosotros (en la familia, en el ámbito laboral y en todos los espacios de la vida social), tenemos que poner nuestro esfuerzo para que el trabajo y los derechos de las mujeres sean reconocidos plenamente. ¿Contamos contigo? ¡Ojalá que sí!

 

Cordialmente,

Luis Arturo Pelayo

Director Editorial

 

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