Son las seis de la mañana y suena la alarma del despertador. Sólo pensar en todo lo que tienes que hacer durante el día puede hacer que te sientas cansado y que desees que sean las seis, pero de la tarde, para poder regresar a casa. Si has experimentado esto es muy posible que estés manifestando síntomas de fatiga emocional. Así que a comienzos del año te decimos cómo puedes combatirla, para que arranques lleno de energía.

 

  

Si alguna vez has pasado por un periodo prolongado de estrés intenso, ya sea por tu trabajo, por una relación o por una crisis importante de la vida, es posible que hayas experimentado fatiga emocional.

La fatiga emocional se refiere a un agotamiento mental que está relacionado con los síntomas prolongados de estrés, ansiedad o depresión. Todos podemos sentir cansancio emocional extremo de vez en cuando, pero cuando alguien tiende a experimentarlo de manera constante se puede decir que padece fatiga emocional.

La fatiga mental o emocional es un estado de agotamiento físico y psicológico crónico, resultado de un exceso de exigencias personales y de un estrés mental continuo. Es la sensación de estar emocionalmente exhaustos y agotados por las situaciones que nos rodean. Suele ser el resultado de una sobrecarga de sucesos estresantes, como la ruptura de una relación, la muerte de un ser querido o una búsqueda de empelo sin éxito.

Este tipo de fatiga afecta a muchas personas, aunque es más común y frecuente en las mujeres, haciéndolas más susceptibles a padecer trastornos de ansiedad, depresión y, en algunos casos, suicidio.

La fatiga emocional se presenta en distintas situaciones. Es característica de algunos trabajos relacionados con la asistencia a otras personas donde existe un costo emocional importante. Es el caso de los médicos, los psicólogos, los trabajadores sociales, los bomberos, etcétera. Este tipo de fatiga también puede estar unido a problemas afectivos, provenientes de la dificultad para comunicarse o para adaptarse al entorno.

Existen algunas señales que nos advierten cuando una persona está agotada mental y emocionalmente:

  • Irritabilidad. Aunque no exista un motivo para que esto pase, la persona fatigada emocionalmente tiende a enojarse con facilidad y en ocasiones se aísla del mundo para evitar el mal humor.
  • Falta de motivación para realizar cualquier actividad, incluidas las tareas simples, o el trabajo que alguna vez fue estimulante.
  • Falta de concentración y disminución de la capacidad cognitiva.
  • Ansiedad frecuente, más allá de lo habitual.
  • Insomnio. Sin importar lo cansado que se pueda estar, la persona padece algún tipo de insomnio y en esos periodos en vela da vuelta una y otra vez a los pensamientos que le generan preocupación.
  • Cambios en el apetito. Existe un vínculo estrecho entre el equilibrio hormonal y el estado emocional, por lo que el agotamiento emocional con frecuencia provoca cambios en el sistema digestivo, alterando el apetito.
  • Ganas de llorar. Cuando una persona está estresada las tensiones se sienten con mayor intensidad y se acumulan, de manera que llorar es una consecuencia natural.
  • Desapego. El desapego es una sensación extrema que lleva a las personas a sentirse desconectadas de todo lo que las rodea y a pensar que su vida no tiene sentido ni dirección.

 

¿Cómo combatir la fatiga emocional?

La fatiga mental o emocional se puede prevenir. Para sobrellevar los episodios de agotamiento se aconseja llevar una vida más saludable en general: dormir lo suficiente, tener una dieta sana, reducir el consumo de alcohol y café y realizar ejercicio periódico. Sin embargo, el primer paso para combatirla es reconocerla. Aunque pueda parecer que no hay un motivo aparente para sentirse agotado, siempre lo hay. Todo es consecuencia de una decisión, de un pensamiento, de la mala administración del tiempo, de discusiones diarias, de problemas en el trabajo, de relaciones tóxicas, etcétera.

Una vez que identificamos el origen de la fatiga tenemos que enfrentarnos a ella. Una buena manera de hacerlo es mediante los siguientes métodos:

  • Relajación. Los ejercicios de respiración, meditación y mindfulness, entre otros, nos pueden ayudar a disminuir el ritmo cardiaco y con ello empieza a invadirnos una sensación de paz y de relajación muy placentera.
  • Asumir la situación y reconocer el problema, así como analizarlo con calma y revisar cuál puede ser la causa de nuestro agotamiento.
  • Poner límites. Es importante aprender a ser el centro de nuestra vida, ya que para estar bien con los demás primero debemos estar bien con nosotros mismos. No hacernos excesivas demandas a nosotros mismos ni permitir que otros nos las hagan, ya que la aceptación de demandas poco razonables disminuye nuestra autoestima y profundiza nuestro agotamiento.
  • Centrarse en el momento presente. Evitar angustiarnos al recordar situaciones que ya han pasado y no estar preocupados por lo que depara el futuro. Disfrutar el momento actual, ya sea en casa o en el trabajo; si logramos enfocarnos en lo que hacemos en el momento presente podremos reducir los niveles de estrés.
  • La culpa de no poder solucionar todo lo que nos preocupa nos produce un malestar interior. Es importante ser menos exigentes con nosotros mismos, ya que esto nos proporcionará más energía para cuidarnos y enfocarnos en nuestras actividades.
  • Evitar el aislamiento. Hablar con personas que experimentan problemas similares a los nuestros es de mucha utilidad. Una de las peores partes del agotamiento emocional es que las personas se aíslan de los demás, profundizando en su malestar.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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