El 29 de marzo de 1911 nació en la Ciudad de México el arquitecto y urbanista Mario Pani. De su legado, seguramente reconoces el Conservatorio Nacional de Música de México, el conjunto urbano Nonoalco Tlatelolco, el Multifamiliar Juárez y el Multifamiliar Miguel Alemán, así como los hoteles Reforma, Del Prado y Plaza. Te invitamos a conocer los rasgos más distintivos de su estilo arquitectónico.

 

Mario Pani es recordado por ser impulsor en nuestro país de los estilos funcionalista e internacional, y por ser portavoz del pensamiento moderno en la arquitectura, el cual buscaba, en esos tiempos, desarrollar vivienda digna, barata y de construcción simple, en otras palabras, “la máquina para vivir” del arquitecto francés Le Corbusier. Pani fue pieza fundamental del sueño del movimiento moderno en México, siempre con la idea de cambiar el mundo, en este caso, a través de la arquitectura.

Sus primeros años escolares los cursó en México; sin embargo, a partir de la secundaria estudió en Europa, al principio en Italia, y posteriormente la carrera de arquitectura en la Escuela Nacional de Bellas Artes de París, donde se tituló en 1934.

Fue un arquitecto visionario y prolífico a quien se le atribuyen aproximadamente 136 proyectos novedosos que dieron forma a la Ciudad de México, ya que diseñó y construyó edificios de vivienda, multifamiliares, hospitales, escuelas y edificios públicos. Su regreso a México coincidió con el crecimiento económico e industrial del país, lo cual le permitió concretar todos estos proyectos.

De sus obras más características podemos mencionar el plan maestro de Ciudad Universitaria, la Facultad de Filosofía y Letras, la Torre de Rectoría de la UNAM, la Torre de Banobras —hoy Torre Insignia—, el conjunto habitacional Nonoalco Tlatelolco, varios hoteles lujosos, la Escuela Normal Superior, el Conservatorio Nacional de Música, la Secretaría de Recursos Hidráulicos, el Club de Golf México, el Multifamiliar Juárez y el Multifamiliar Miguel Alemán, todos éstos en la Ciudad de México, así como varios proyectos de urbanismo y arquitectura en diversas partes de la República mexicana.

Si bien a Mario Pani se le ha catalogado por su estilo y por la época en que se desarrolló profesionalmente, como un arquitecto funcionalista y perteneciente al movimiento internacional, siempre se diferenció de los demás, ya que no nunca estuvo de acuerdo con renunciar al ornamento, clara característica de ambos movimientos; por el contrario, buscó integrar los fundamentos arquitectónicos contemporáneos con adornos propios de nuestro país, como es el caso de la Torre de Rectoría de Ciudad Universitaria. Asimismo, estaba en contra de diseñar con base en programas arquitectónicos de lineamientos cerrados, pues para él el proceso creativo debía ser más orgánico, metafórico y simbólico. Con lo anterior podemos constatar que era un visionario, ya que aquellos fundamentos cerrados terminaron por enterrar al movimiento funcionalista.

Algo muy valioso e interesante de Mario Pani fue que, a diferencia de la mayoría de los arquitectos que han sobresalido en nuestro país, no tenía una relación estrecha con altos mandos del gobierno; por el contrario, debido a sus ideas políticas y a su rectitud era un personaje incómodo para muchos. Afortunadamente existieron funcionarios que comulgaron con él y pudo aportar sus conocimientos y su talento a la construcción de la nueva Ciudad de México. Fiel a la teoría del “desarrollismo”, vio truncada su carrera cuando a finales de los años sesenta los gobiernos mexicanos cambiaron sus políticas públicas y desviaron sus intereses.

Como parte de sus inquietudes por el bien común, además de sus múltiples proyectos de vivienda social, en 1946 fundó el Colegio de Arquitectos de México con el propósito de unificar criterios y expandir el conocimiento del gremio con el único objetivo de mejorar sus aportaciones a nuestro país.

Probablemente Tlatelolco sea su obra más icónica y, a la vez, la más polémica, por ser el ejemplo más importante de la falla del pensamiento moderno, al menos en los escenarios arquitectónico y urbano.

Siempre le interesó integrar la pintura y la escultura a la arquitectura, por lo cual sus obras generalmente cuentan con murales o esculturas de gran valor estético. Colaboró con pintores como José Clemente Orozco y Luis Ortiz Monasterio, entre otros muchos.

Recibió importantes premios nacionales, como el Premio Nacional de las Artes, del cual fue miembro fundador, así como diversos reconocimientos internacionales. Mario Pani murió el 23 de febrero de 1993 en la Ciudad de México.

Sin duda, este arquitecto es un gran ejemplo de talento, compromiso y vanguardia, valores fundamentales en el quehacer arquitectónico para la mejora de la ciudad y, en consecuencia, de nuestro país.

NOTAS

* Arquitecto por la Universidad Iberoamericana y socio de Studio Cachoua, Torres & Camilletti.

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