“Emperador universal” —en mongol, Gengis Kan— es el título que las tribus nómadas del norte de Asia dieron a Temujin, el guerrero y conquistador mongol que tuvo la capacidad de unificarlas y fundar el primer Imperio mongol, el segundo más extenso de la historia y el mayor de los imperios constituidos por territorios continuos. Te invitamos a conocer su extraordinaria historia.

 

 

El pueblo mongol era uno de los pueblos nómadas más pequeños que vagaban con sus rebaños por los confines del desierto de Gobi (situado entre el norte de China y el sur de Mongolia), en busca de pastos. Cada uno tenía su propio Kan, o príncipe, encargado de cuidar que en su territorio reinase cierto orden.

Los kiutes, tribus del suroeste del lago Baikal, habían elegido como jefe a Yesugei, quien consiguió reunir bajo su mando a unas 40,000 tiendas. Al volver de una batalla contra los tártaros, el guerrero descubrió que su favorita, Oelon-Eke (Madre Nube), le había dado un heredero, al que llamaron Temujin. El niño tenía en la muñeca una mancha encarnada, por lo que el chamán pronosticó que sería un guerrero famoso. Años después, en efecto, Temujin se convertiría en Gengis Kan, el célebre conquistador mongol.

Gengis Kan nació en un ambiente aristocrático, en una sociedad profundamente feudal. Se cree que vino al mundo el 16 de abril de 1162.

Tenía nueve años de edad cuando su padre, según la costumbre mongólica, lo llevó consigo en una larga marcha para buscarle esposa. Llegaron hasta la región donde vivían los chungiratos, lindando con la Muralla China. Allí encontraron a Borte, una niña de su edad que, según la tradición, sería la esposa madre que le fue entregada por su noble padre.

Desafortunadamente, Yesugei murió envenenado por los tártaros. Temujin tenía 13 años y tuvo que asistir a la ruina de los suyos, ya que las tribus que se habían reunido alrededor de su padre comenzaron a desertar, pues no querían prestar obediencia a una mujer ni a un niño. Pronto Oelon-Eke se vio sola con sus hijos. Tenían que reunir ellos mismos el poco rebaño que les quedaba, y comer pescado y raíces en lugar de la dieta habitual de carnero y leche de yegua. Fue una época de verdadera penuria en la que un tejón constituía una pieza de enorme valor, por la que los hermanos podían enfrentarse a muerte.

Como eran descendientes del Qabul Kan, el clan de Temujin tenía un alto rango y muchos rivales; especialmente el clan de los taichi’ut, que aspiraba al kanato vacante por la muerte de Yesugei.

La situación se agravó aún más cuando la familia fue atacada por el jefe de la tribu de los taichi’ut, Tartugai, quien condujo Temujin a su campamento amordazado por un pesado yugo de madera al cuello y vendado por las muñecas para ser vendido como esclavo. Temujin pudo liberarse una noche matando a su guardián. Después de convencer a un cazador errante para que lo liberase del yugo y lo ocultase por un tiempo prudente, Temujin pudo regresar a su campamento. Esta hazaña le dio gran fama entre los demás clanes y de todas partes comenzaron a llegar jóvenes mongoles para unírsele.

La vida de Gengis Kan es una serie ininterrumpida de batallas victoriosas: la primera la libró contra los merkitas, en castigo por haber raptado a Burte, su mujer, y el éxito se lo debió a la ayuda que le brindó la tribu de los keraitos, un pueblo turcomongol que contaba con muchos cristianos nestorianos y musulmanes. El jefe de los keraitos, Toghrul, puso a su disposición una numerosa tropa para atacar a los merkitas. Cuentan que, como resultado de la expedición punitiva, 300 hombres fueron asesinados y las mujeres convertidas en esclavas.

Después de vencer a los merkitas, el futuro Gengis Kan ya no se encontró solo: se unieron a él tribus enteras. Su campamento crecía día a día y a su alrededor se forjaban planes ambiciosos, como hacer la guerra a Tartugai. En 1188 logró reunir un ejército de 13,000 hombres para enfrentarse a los 30,000 guerreros de Tartugai, a los cuales derrotó cómodamente. Como consecuencia de esta victoria volvió a establecerse nuevamente en los territorios de su familia, cerca del río Onón, y todas las tribus que, a la muerte de su padre, lo habían abandonado, volvieron a reunirse a su alrededor, reconociéndolo como único jefe legítimo.

En este momento se produjo un incidente que afianzó aún más el poder de Temujin: su mujer Borte fue raptada por un clan merkita. Temujin pidió apoyo militar y a Jamukha, quien con su clan se sumó a una ofensiva, derrotó al clan merkita y afianzó la posición del futuro Gengis Kan.

Disputas y rivalidades por el poder llevaron a la separación de Jamukha y su banda, de manera que aquél intentó retirar el apoyo a Temujin, pero por motivos de linaje, de carisma personal y de mejor posición, muchos clanes bajo el mando de Jamukha se separaron de él para ponerse voluntariamente bajo el mando de Temujin.

 

Derechos de las mujeres

Gengis Kan promulgó la “Yassa”, una ley general que regía la vida ciudadana. En ella estableció medidas específicas relacionadas con la situación y los derechos de las mujeres: prohibió su secuestro —ya que era frecuente la sustracción de las mujeres en las tribus vecinas para obligarlas a casarse—, el adulterio y la venta de esclavas. La ley establecía que todos los hijos de un hombre, con su esposa o su concubina, fueran hombres o mujeres, eran herederos legítimos. Autorizó a las mujeres a acceder al ejército y éstas podían ocupar diversos puestos militares, entre ellos, la defensa del campo de batalla.

 

Un ejército indestructible

La materia prima de Gengis Kan eran los jinetes y los caballos tártaros. Los primeros eran capaces de permanecer sobre sus cabalgaduras un día y una noche enteros, dormían sobre la nieve —si era necesario— y avanzaban con igual ímpetu tanto cuando comían como cuando no probaban bocado. Los corceles podían pasar hasta tres días sin beber y sabían encontrar alimento en los lugares más inverosímiles. Además, Gengis Kan proveyó a sus soldados de una coraza de cuero endurecido y barnizado, así como de dos arcos, uno para disparar desde el caballo y otro más pesado, que lanzaba flechas de acero, para combatir a corta distancia. También llevaban una ración de cuajada seca, cuerdas de repuesto para los arcos, y cera y aguja para las reparaciones de urgencia. Todo este equipo lo guardaban en una bolsa de cuero que les servía, hinchándola, para atravesar los ríos.

En 25 años el ejército mongol conquistó más tierras. El imperio era del tamaño de África, desde el océano Pacífico hasta el mar Mediterráneo. Una gran parte de la población actual del mundo vive en tierras conquistadas por Gengis Kan: más de 30 países modernos con 3,000 millones de habitantes.

Gengis Kan murió el 18 de agosto de 1227, antes de lograr la rendición china. Su última orden fue no divulgar la noticia de su muerte hasta que todas las guarniciones hubieran llegado a su destino y todos los príncipes se encontraran en sus campamentos.

Los mongoles son hoy un ramillete insignificante de tribus nómadas y Karakorum, la capital del Imperio mongol, yace sepultada bajo las arenas movedizas del desierto de Gobi.

 

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