El Camino de Santiago es la ruta que siguen los peregrinos de todo el mundo para llegar a la ciudad de Santiago de Compostela, en España, donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor. Descubre por qué cada año entre 200,000 y 300,000 peregrinos recorren esta ruta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Hace más de 1,200 años, en la antigua Hispania romana, en la región que ahora se conoce como Galicia —noroeste de España— fueron encontraron los restos del apóstol Santiago el Mayor, en un lugar conocido como “Compostellae” (campo estrellado). El rey de Asturias, Alfonso II, mandó construir una iglesia en el sitio en que, de acuerdo con la tradición y la leyenda, descansaban los restos del apóstol. Pronto la zona fue destino escogido por numerosos peregrinos que encontraron en lo que ahora se conoce como Santiago de Compostela el lugar para redimir sus pecados y alcanzar su realización espiritual y personal.

A partir del siglo XV la Iglesia de Santiago se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación durante la Edad Media, a la altura de ciudades como Jerusalén o Roma. Para llegar hasta allí comenzó a popularizarse una ruta que empezaba en París y otros puntos de Francia, atravesaba los Pirineos y llegaba por la Península Ibérica hasta la costa del Atlántico, muy cerca de lo que los antiguos romanos llamaban Finisterre (“el final del tierra”).

El Camino de Santiago no sólo fue utilizado como un medio de comunicación, sino que gracias a su popularidad se convirtió en el vehículo de entrada de nuevos estilos arquitectónicos, saber, cultura, música y arte a una fragmentada España sumida en guerras de religión y luchas de poder. A las orillas del Camino de Santiago se construyeron hospitales, hospederías, monasterios, conventos y ciudades que vivieron de la actividad social y económica que trajeron los peregrinos de todos los rincones de Europa. Pese a haber una ruta más consolidada, conocida como Camino Francés, existen numerosos itinerarios para llegar a la Catedral de Santiago, tantos como peregrinos, que pueden venir desde el sur de España, Portugal e incluso Inglaterra.

Durante los siglos siguientes, el Camino de Santiago comenzó a decaer y la oleada de peregrinos acabó desapareciendo durante varios siglos, hasta que bien entrado el siglo XX se buscó recuperar la cultura y la tradición de la popular ruta, llegando a alcanzar en la actualidad niveles de caminantes similares a los que hubo en la Edad Media.

En 1993 la ruta francesa fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco e Itinerario Cultural por el Consejo de Europa y ha recibido el título honorífico de “Calle Mayor de Europa”. En 2004 la Fundación Premio Príncipe de Asturias le concedió el Premio de la Concordia como “lugar de peregrinación y de encuentro entre personas y pueblos que, a través de los siglos, se ha convertido en símbolo de fraternidad y vertebrador de una conciencia europea”. Y es que son miles los peregrinos que cada año recorren los senderos, las carreteras, las veredas y las rutas del Camino de Santiago, generando "vitalidad social, cultural y económica en las diferentes regiones que atraviesa", afirmó el jurado.

Esta ruta de 750 kilómetros que enlaza Europa con el norte de España a través de las regiones de Aragón, Navarra, Rioja, Castilla-León y Galicia ya fue documentada durante la Edad Media en el llamado Códice Calixtino, el primer libro que habla del Camino de Santiago. Según la Federación Española de Caminos de Santiago, además del francés actualmente hay registrados al menos otros nueve caminos que el peregrino puede tomar dentro de España: los caminos de Galicia; los caminos del norte de España que van por la costa del Cantábrico; los caminos andaluces; el camino que viene desde Portugal; los caminos del centro de España, entre los cuales destaca la ruta de la Vía de la Plata; los caminos del este que parten de la costa del mar Mediterráneo y de Cataluña, y los caminos del sureste que muchos han bautizado como Rutas Mozárabes. La manera original de hacer este viaje es a pie, caminando. Aunque en los últimos años también han surgido otras variantes, como realizarlo en bicicleta o a caballo.

Consejos para realizar el recorrido del Camino de Santiago

Si decides realizar un viaje tan especial como éste, deberás tomar en cuenta algunos consejos, como la época del año en que es mejor llevarlo a cabo. Dependiendo de las regiones de España que decidas atravesar, deberás escoger una temporada u otra, ya que aunque generalmente los veranos son calurosos y los inviernos fríos, las temperaturas son más extremas en las regiones del interior que en las zonas costeras donde el clima es más estable, aunque llueve más. Primavera y otoño suelen ser las estaciones más indicadas para emprender el camino, que también podrían ayudarte a evitar el clima más duro tanto en invierno como en verano, y sobre todo, como menciona la página oficial de Turismo de Santiago de Compostela “la masificación que suponen los meses estivales en los albergues” (http://www.santiagoturismo.com/consellos-practicos/poca).

También deberás tener presente las ciudades y los pueblos en los que podrás parar a descansar en los albergues para peregrinos, después de un largo día de caminata. No olvides que el viaje es largo y que se requiere calzado cómodo para aguantar largos días a pie. Durante el verano podrás hacer el recorrido con unos buenos tenis, pero durante los meses de lluvia y frío deberás llevar botas resistentes al clima. El peso que debes cargar en la mochila debe ser de 10 por ciento de tu peso total; nunca más de ocho kilos para las mujeres y 10 kilos para los hombres. Muchos peregrinos optan por llevar mayor cantidad de equipaje en un vehículo de apoyo, o enviar al lugar al que van a llegar más equipaje para no cargarlo. Lo que sí es indispensable es portar siempre un pequeño botiquín de primeros auxilios, especialmente para cuidar los pies, ya que es muy común que salgan heridas y ampollas al caminar durante tanto tiempo.

Aquellas personas que decidan hacer el recorrido con un propósito religioso o espiritual, pueden obtener un reconocimiento o certificado llamado “Compostela”. También, para utilizar la red de albergues, necesitan una credencial de peregrino realizada por su diócesis de origen o parroquia. Este documento con aspecto de cuaderno servirá para ir recolectando sellos en cada parada o estación que acrediten al final el camino realizado.

Uno de los símbolos más conocidos del Camino de Santiago es la vieira, una concha de tamaño medio muy habitual de la costa gallega. Antes, los peregrinos la portaban como distintivo de que habían estado de peregrinación en Santiago. Actualmente la concha se ha convertido en uno de los símbolos más comunes de la ruta. A esta señalización se suman otros indicadores que pueden ser marcas blancas y rojas o postes cada 500 metros que indican cuánto camino falta para llegar a Compostela. Así que, ya sabes, ¡sigue el camino de flechas amarillas!

Finisterre, el final del viaje

Aunque el final del viaje “oficial” llega cuando los peregrinos desembocan en la plaza de la Catedral de Santiago de Compostela, conocida como El Obradoiro, y visitan la imagen del santo en la Catedral, se ha convertido en una rutina habitual cerrar el viaje 98 kilómetros al oeste de la ciudad, en el cabo Finisterre (finisterrae, en latín). Allí, en “el final de la tierra”, son numerosos los peregrinos que despiden su viaje de cientos o miles de kilómetros y realizan su última reflexión sobre la experiencia que han vivido. Llegar a Finisterre procede de una mezcla de ritos, que muchos estudiosos del Camino de Santiago coinciden en mezclar con la celebración de origen prerromano conocida como “Ara Solis”, en la que los antiguos pobladores adoraban al sol y acudían a ese lugar para ver cómo moría y renacía de las aguas del mar.

Así, en Finisterre los viajeros realizan tres ritos antes de emprender el camino de vuelta: primero se bañan en las aguas de la Costa de la Muerte, como un acto de purificación para quitarse todo el polvo del camino y empezar “limpios” su nueva vida; queman sus ropas y con ello se desprenden de todo lo material, dejando atrás las cargas de la vida pasada, y por último ven la puesta del sol en un momento de contemplación, reflexión y reencuentro con ellos mismos.

Son muchas las personas que afirman que el Camino de Santiago ha sido una experiencia que les ha cambiado la vida y la forma de vivirla. Un viaje entre lo mágico, lo místico y lo espiritual, como afirma el escritor Álvaro Cunqueiro en Las geografías imaginarias: “ A Compostela se acerca uno como quien se acerca al milagro”. Algo que también menciona Jesús Torbado en su obra El peregrino: “Ya conoces que apenas lleguemos a Compostela serán perdonados todos nuestros pecados, incluso aquellos que ni siquiera conocemos […] Pues al final de nuestro viaje nos veremos a nosotros mismos como niños recién nacidos. Veremos lo invisible”.

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