Mariana Santiago de Matos*

Para muchas personas, una relación amorosa frustrada los lleva a cerrar la puerta a la posibilidad de conocer a alguien y volver a entusiasmarse con el amor, especialmente en una edad madura. Sin embargo, es necesario recordar lo que dice el viejo refrán: “el amor no tiene edad”.

En los últimos días he recibido muchos mensajes de mujeres cuya edad rebasa los 40 años, la mayoría divorciadas o viudas. El tema que les inquieta casi siempre es el mismo: ¿es posible volver a relacionarse a esa edad luego de una separación?

Su inseguridad es absolutamente comprensible, ya que muchas tuvieron largos matrimonios y están “recomenzando” su vida. Por lo tanto, no saben qué hacer y dudan sobre su capacidad de amar, de ser amadas y de relacionarse de nuevo. Y ante la expectativa de una nueva oportunidad surge una pregunta: “¿Por qué no intentarlo?”

Vivimos en una época en que la juventud es muy valorada, por lo que muchas personas se someten a tratamientos y cirugías para retardar el envejecimiento. En los medios de comunicación, la juventud es exaltada como la octava maravilla; es sinónimo de belleza, de algo interesante, de salud, de fuerza. El joven es visto como alguien que todo lo puede, que traspasa barreras y es libre para realizar elecciones y modificarlas a voluntad.

En contraposición, la no juventud está asociada a la fealdad, a la falta de interés, a la enfermedad, a la debilidad... De esta manera, conforme avanza la edad, muchas personas comienzan a sentirse impotentes. Creen que ya no pueden hacer muchas cosas porque ya no tienen 20 años. Piensan que embarcarse en una nueva aventura es solamente para los jóvenes. De este modo terminan identificándose con el estereotipo de los viejos.

¿Es posible pensar en el amor después de los 40? En primer lugar, para darle una oportunidad al amor es necesario abandonar dicho estereotipo. Es importante que las mujeres maduras se sientan bellas, interesantes y capaces de volver a amar. Además, es importante que descubran que después de los 40 el amor tiene muchas ventajas.

Los jóvenes son “bellos” y “saludables”, pero tienen muchas dudas. Transitan por diversas fases de indefinición que suelen generarles mucha angustia. No saben bien quiénes son, qué quieren hacer, quiénes quieren ser. Por el contrario, las personas maduras cuentan con mayor experiencia: ya hicieron elecciones cruciales, saben quiénes son y lo que les gusta. Para ellas la vida ya no es una aventura; tienden a pensar con mayor tranquilidad antes de actuar, aunque las dudas y las inquietudes nunca dejan de existir.

La juventud, al mismo tiempo, no es tan “libre para amar”, porque tiene muchos tabúes. Cuanto más joven se es, generalmente mayor es la cantidad de “reglas” que se tienen que acatar. Muchas veces los jóvenes abandonan un amor por considerarlo “inconveniente” o porque relacionarse con alguien determinado puede “no estar bien”. En contraste, las personas maduras poseen mayor seguridad en relación con sus elecciones. Lo importante ahora no es la opinión de los demás, sino la propia felicidad. La mirada de la gente —negativa o positiva— deja de ser relevante.

La experiencia de la vida nos proporciona la seguridad de que sobreviviremos a los tropiezos. Si al terminar un romance un joven siente “que se va a morir”, durante la madurez se modifica esta sensación. La pérdida es menos arrebatadora. Aunque haya sufrimiento, los adultos saben que un rompimiento no representa el fin del mundo y que es posible vivir sin el otro.

De la misma manera, las dificultades para relacionarse, que en la juventud son trascendentales, tienden a ser advertidas de manera más amena después de los 40. Ya se sabe cuáles son los problemas realmente graves y cuáles son los que el tiempo resolverá con su paso.

Mi intención aquí no es hacer una apología de la madurez ni argumentar que esta etapa de la vida es mejor que la juventud. Cada una tiene sus ventajas y sus desventajas. Lo importante es no atarse a las desventajas y saber aprovechar las ventajas.

En conclusión, sí es posible volver a amar y a relacionarse después de los 40. Es posible ser feliz en el amor, aunque las experiencias previas hayan sido muy frustrantes. Más que aferrarse a lo que salió mal en nuestras relaciones anteriores, hay que aprender a utilizar esa experiencia a nuestro favor.

Por eso, ¡siéntanse lindas y libres, ábranse a las novedades y pronto estarán disfrutando nuevamente del amor! 

* Psicóloga y asesora de Match.com.

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