Nuestra mascota ha sido nuestro amigo, nuestra compañía, parte de nuestra familia durante varios años. Pero en la vida todo tiene un principio y un final. Ha llegado el momento de decirle adiós, dejarla ir y pasar por un duelo semejante al que afrontaríamos con un familiar o un amigo cercano, ya que nuestra mascota también fue un ser muy amado. A continuación te ofrecemos algunas recomendaciones para superar este momento de tristeza.

 

El tiempo del duelo por la muerte de una mascota varía de acuerdo con la sensibilidad de la persona, lo estrecho que fue el lazo afectivo con el animalito y la causa del fallecimiento.

Cuando nuestra mascota fallece por vejez, es más fácil asimilar la pérdida, por ser un proceso natural; sin embargo, cuando el fallecimiento se debe a una enfermedad durante la cual nuestro animalito sufrió mucho y tuvimos que tomar la decisión de “dormirlo” (sacrificarlo con una inyección letal, aplicada por un veterinario) para que ya no sufriera más, o bien a un accidente, nuestro duelo será más difícil.

¿Cómo podemos sobrellevar el dolor y superar la pérdida? Lo primero que debemos hacer es aceptar que nuestra mascota vivió el tiempo que debía vivir. Se calcula que por cada año que vive un ser humano, un perro cumple, proporcionalmente, tres, cinco y hasta siete años.

A pesar de que nuestra mascota haya tenido una vida sana, durante la tercera etapa de su vida, esto es, en su vejez, comienza a desarrollar muchas enfermedades y dolencias que progresivamente minan su salud.

Como ya lo dijimos, sacrificar a un animal que está sufriendo por un padecimiento terminal es muy difícil, ya que siempre nos quedaremos con la sensación de que no tomamos la decisión correcta.

Muchas veces nuestra mascota, con una simple mirada, nos dirá que ya no puede más con el dolor. No sientas culpa. En muchos casos lo mejor es procurar que ya no sufra más y descanse de sus dolencias.

Llora como lo harías con cualquier ser querido. No temas ser criticado o juzgado, porque a fin de cuentas el vínculo amoroso que estableciste con tu perro fue muy profundo y debes permitir que la pena salga de tu corazón.

Recuerda los momentos felices que compartiste con él y piensa que contigo tuvo una vida llena de amor y de cuidados. Muchos animalitos jamás llegan a conocer ese cariño y sufren intensamente en la calle o en lugares donde son maltratados. Guarda algún recuerdo de él: una foto, su juguete predilecto o algún accesorio con el que solías adornarlo. Eso te ayudará a sentir que sigue contigo.

Puedes enterrar su cuerpo en una maceta o en el jardín y sembrar un árbol o una planta, para que sientas que ahora le dará vida a otro ser. Si no tienes donde enterrarlo, busca una compañía que incinere a tu animalito. Por lo general te entregarán una urna con sus cenizas, en cuyo frente colocarán su foto.

También puedes comprar un marco para escritorio y colocar su foto en él, pegando en una de sus esquinas la placa de identificación que utilizaba. Asimismo, puedes conseguir un relicario y guardar en él, junto con su foto, un pedacito de pelo que le hayas cortado antes de incinerarlo. Así, siempre lo tendrás cerca de ti.

Finalmente, no te pierdas la oportunidad de darle un hogar a otra mascota. Espera el tiempo necesario para tomar esta decisión pero recuerda la gran satisfacción que representa dar una vida llena de amor a un animalito.

 

El reencuentro con tu mascota

En la mitología azteca se creía que cuando alguien moría, de camino al inframundo llegaba a un lugar llamado Itzcuintlán, habitado por xoloitzcuintles. Si la persona había sido compasiva y cariñosa con los perros, éstos lo ayudaban a cruzar un lago de aguas negras, en cuyas profundidades habitaba una gran iguana. Pero si en su vida terrenal había maltratado a algún animal, la iguana lo devoraba.

En América del Norte los indios creían que cuando habían compartido su vida con los lobos, convidándoles su comida y ayudándolos a sobrevivir, se convertían en parte de su manada, por lo que al morir ellos los ayudaban a cruzar un río que los conduciría a un paraíso donde el Gran Lobo Blanco los cuidaría durante toda la eternidad.

En el antiguo Egipto, los perros eran compañeros inseparables de los hombres, a quienes seguían en sus cacerías y con los que compartían su hogar. Cuando un hombre moría, sacrificaban a su perro, al que también embalsamaban para que acompañara a su dueño en el camino al más allá.

Una historia que no se sabe dónde se originó es la del puente del arcoíris: a la persona que durante su vida se dedicó a rescatar y a cuidar perros en desgracia, éstos la esperan al principio de un puente al final del arcoíris, para cruzarlo juntos. Y los perros que nunca fueron rescatados esperan con ansias, a la entrada del puente, que llegue algún protector, para cruzarlo y acompañarlo al paraíso, donde no existe el dolor ni el sufrimiento. Todos los perros allí volverán a ser jóvenes y vigorosos para convivir con las personas que dedicaron su vida a cuidarlos.

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