Para recordar a las víctimas de los incendios forestales, el 4 de mayo de cada año se conmemora el Día Internacional del Combatiente de Incendios Forestales. Aprovechemos esta fecha para tomar conciencia de este grave problema y hacer lo que esté en nuestras manos para prevenirlo.

 

El Día Internacional del Combatiente de Incendios Forestales se instituyó en 1998 como homenaje a los cinco combatientes que perdieron la vida en un incendio en Linton, Canadá. Ese hecho, que se suma a otros incidentes trágicos ocurridos durante la lucha contra los fuegos de bosques y campos a lo largo y ancho del mundo, fue el punto de partida para el inicio de un movimiento que, paulatinamente, se ha ido extendiendo por diversos países.

Este movimiento fue difundido a través de internet y la comunidad internacional reaccionó rápidamente. Brigadas de otros países, principalmente de Estados Unidos, convinieron en principio en adoptar la cinta roja para simbolizar la profesión de combatiente forestal.

Celebrar este día tiene como objetivo mostrar el apoyo hacia todas las personas que combaten los fuegos en bosques y campos de todo el mundo, reconociendo su gran labor. Además, es un símbolo de respeto y de agradecimiento hacia quienes luchan por preservar la naturaleza defendiéndola de los fuegos.

En nuestro país, los combatientes de incendios forestales provienen de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), dependencias federales, instituciones a nivel estatal y municipal, organizaciones civiles, ejidos y comunidades rurales, y los brigadistas son dirigidos por técnicos en manejo de fuego.

Los combatientes tienen como enemigo al fuego, lo cual implica un riesgo muy alto, por lo que el valor, coraje y entrega que ofrecen por la protección de la riqueza forestal nacional y mundial es admirable.

 

¿Qué sucede cuando ocurre un incendio?

Se forma una unión civil conformada por combatientes y especialistas de manejo de fuego, los cuales disponen de tecnología, herramientas, carros motobomba y, en ocasiones, equipo aéreo que los ayuda en su misión de conservar los recursos naturales de la zona afectada.

 

Los incendios del año pasado en el mundo

El año pasado hubo un incremento drástico de incendios forestales en algunas regiones árticas que tradicionalmente no solían quemarse.

Los incendios han reducido a cenizas aproximadamente 2.5 millones de hectáreas de bosques siberianos. En Alaska, los incendios han consumido más de un millón de hectáreas de tundra y bosques nevosos, lo cual ha hecho que algunos investigadores aseguren que la combinación del cambio climático y los incendios forestales podría alterar de manera permanente los bosques de la región.

El Ártico se está calentando dos veces más rápido que el resto del planeta. En áreas remotas, los relámpagos son una causa importante de incendios. Puesto que los incendios están surgiendo en lugares donde antes eran inusuales, éstos amenazan con contribuir a un círculo vicioso en el que los incendios forestales posiblemente aceleren el cambio climático al añadir a la atmósfera importantes cantidades de dióxido de carbono, que provoca un efecto invernadero.

A pesar de que suele describirse a la Amazonía como el pulmón del mundo, aludiendo a la capacidad de este lugar de producir oxígeno y almacenar dióxido de carbono, otros bosques como los de Siberia son tan importantes para el sistema climatológico del mundo como los bosques tropicales.

Una de las razones por las que los incendios de los bosques árticos son especialmente preocupantes es que, además de que se queman árboles y pastizales, también se incendia la turba, un material orgánico parecido a la tierra que está en el suelo y que, por ser rico en carbono, al quemarse, emite mucho más dióxido de carbono que los árboles por cada hectárea que se consume. Antes, los incendios de turba en climas septentrionales eran raros porque había más humedad, la cual ahora está desapareciendo a medida que la región se hace más cálida y seca.

Por cuestiones geográficas, económicas, políticas y climatológicas, no hay una manera sencilla de categorizar los incendios forestales, pues cada uno es distinto y puede presentar una mezcla de causas de fondo.

En distintas partes del mundo estas fuerzas interactúan de formas sorprendentemente diferentes.

 

Indonesia y la Amazonia: incendios provocados

La crisis en la Amazonia es un ejemplo de fuegos que se prenden de manera deliberada, con el fin de desmontar tierras que se usan para cultivar o para que paste el ganado. En el caso de Brasil, la razón es la demanda mundial de soya y ganado vacuno, sobre todo desde que China se ha vuelto más rica y más gente puede comprar carne.

Jair Bolsonaro, quien fue elegido presidente de Brasil en 2018, ha defendido la expansión de la industria agrícola y descartó la idea de aumentar protecciones a grupos indígenas que viven en la selva, lo cual ha creado la preocupación de que el ritmo de la deforestación pueda aumentar aún más.

Con frecuencia los agricultores desmontan un campo para nuevos cultivos quemando el rastrojo de los cultivos anteriores, lo cual explica muchos de los incendios actuales. Y como la agricultura en la actualidad está muy industrializada, las tierras deforestadas suelen quedarse preparadas para el cultivo de manera permanente.

Los incendios no sólo se consideran una señal del cambio climático, sino que también pueden exacerbar el calentamiento global debido al hollín que se produce con la quema de turba, que es rica en carbón. Cuando el hollín se asienta en los glaciares cercanos el hielo absorbe la energía del sol en lugar de reflejarla, lo cual acelera el derretimiento del glaciar.

A nivel global los seres humanos provocan la mayoría de los incendios, ya sea de manera accidental, por dejar caer un cigarrillo, o con fogatas, o de manera intencional, para preparar tierras para cultivo. Sin embargo, una razón por la que lugares como California al parecer tienen incendios todos los años es porque este estado, junto con gran parte del oeste y el suroeste de Estados Unidos, es lo que los investigadores llaman ecosistemas adaptados al fuego.

En otras palabras, algunas zonas han evolucionado con el tiempo no sólo para tolerar el fuego, sino para necesitarlo. Por ejemplo, el pinus contorta, un árbol perennifolio común en el oeste de Estados Unidos, necesita el calor para liberar sus semillas.

Existe un patrón similar en algunos incendios de la África subsahariana que han atraído la atención del mundo últimamente. Los ecosistemas de la sabana, justo al norte y al sur de los bosques tropicales de África, se incendian de manera predecible cada dos o tres años. Los incendios de California son 500 por ciento más grandes de lo que serían sin el cambio climático provocado por el hombre.

 

 


 

* Fuente: nytimes.com.

 

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