Algunos perros son pequeños y otros grandes; unos tienen orejas enormes y otros diminutas; los hay de color blanco y de color negro; hay unos que tienen el pelaje liso y otros manchado… Aunque los perros pueden ser muy diferentes a primera vista, poseen ciertas características que los vuelven una de las especies mejor dotadas del reino animal para sobrevivir en su entorno. Te invitamos a descubrir la función de cada una de las partes de su anatomía.

 

La naricita del perro, que se mete en todos lados, es un potente receptor del mundo que lo rodea: tiene más de 300 millones de células sensibles al olor. El conocimiento de su ambiente, de quienes lo rodean y de sus compañeros caninos depende en gran parte de este sentido, que le permite reconocer y almacenar información en su cerebro. Cuando olisquea a otro perro, identifica sus sacos anales, que es como su perfume personal.

Con la lengua puede percibir sabores y distinguirlos: ácido, dulce, salado, aunque en realidad su interpretación de los sabores la realiza por medio del olfato. La lengua funciona como un mediador de la temperatura. Cuando hace calor, el perro jadea y ese movimiento propicia que su flujo sanguíneo se enfríe. Asimismo, ese órgano le sirve como cucharón invertido para tomar líquidos sin que se derramen.

Durante mucho tiempo se pensó que los canes no veían colores, pero ahora se sabe que sí lo hacen, aunque la intensidad de las tonalidades que perciben es menor a la que percibe el ser humano. Su adaptación a la oscuridad es muy efectiva debido a que tienen una capa llamada tapetum lucidum que refleja los rayos luminosos, incrementando la efectividad de su visión en condiciones de luz escasa. Su vista puede detectar más el movimiento que las formas y su ángulo de visión es 30 por ciento más amplio que el nuestro.

Sus orejas contienen aproximadamente 17 músculos que les permiten moverlas, subirlas y bajarlas para detectar mejor algún sonido. Un perro puede escuchar un sonido a más de 25 metros debido a que su espectro auditivo es tres veces más amplio que el del ser humano.

Las patas de los perros son un conjunto de huesos, ligamentos y músculos, parte muy importante de su anatomía. Un perro sano puede correr alrededor de 60 kilómetros por hora, aunque existen unos más rápidos que otros, dependiendo de su estatura y de su fisonomía. Los delgados, como los galgos, pueden alcanzar grandes velocidades por su estética aerodinámica.

Los perros también poseen unos dedos extras llamados espolones en las patas anteriores, los cuales constan de hueso y cartílago. Sin embargo, algunos tienen espolones falsos en las patas posteriores, conformados exclusivamente por cartílago, que no les sirven de nada, por lo que es conveniente retirarlos, ya que les crecen uñas y pueden resultar peligrosos, pues suelen atorarse entre las ramas o en las telas. Estos espolones son vestigios de los ancestros de la especie, que los utilizaban para asirse a las piedras y para trepar caminos inclinados.

Las almohadillas funcionan como un absorbente de impacto al caminar, así como un freno en caminos resbalosos. Asimismo, ayudan a reducir la temperatura al estar en contacto con pisos calientes. Esto no quiere decir que pueden soportar altas temperaturas y que no se quemen; por eso es importante no sacarlos a pasear cuando el pavimento está muy caliente. Al funcionar como un regulador de la temperatura, cuando un perro está nervioso puede presentar sudoración en las patas, del mismo modo que nosotros cuando nos sudan las manos.

La columna vertebral es una parte importantísima de nuestro perro, que le da movilidad y soporte; se extiende desde su cuello hasta el final de su cola, por lo que es importante no cortarle esta última, pues su equilibrio depende de ella. En pruebas con perros con cola y perros con cola cortada, que han corrido en línea recta y luego han sido obligados a virar súbitamente, los segundos perdieron el equilibrio y cayeron, mientras que los primeros lograron dar un giro rápido y siguieron corriendo. Aparte de esta función de equilibrio de la cola, moverla de un lado a otro los ayuda a esparcir su olor, en su tarea de marcar su territorio. (Se debe tener mucho cuidado con perros como el basset hound o el salchicha, ya que la manipulación genética de que han sido objeto para tener su aspecto bajo y largo los hace propensos a sufrir desviaciones de las vértebras e incluso fracturas.)

Finalmente, los sacos anales, localizados a los lados del ano del perro, producen un líquido parduzco cuando el animal defeca. A pesar de que poseen un olor penetrante y molesto, no hay que olvidar que es un mecanismo que nuestra mascota utiliza para socializar. Los sacos anales que no se vacían de manera natural deben vaciarse con la ayuda de un profesional en grooming o un veterinario, ya que si el líquido no sale del saco puede producir infecciones e inflamación.

No importa como sea tu perro, ni si es de raza fina o mestizo; tienes como amigo una maravilla de la naturaleza, un ser único e inigualable, que te ama y para quien eres su universo. ¡Cuídalo y quiérelo mucho!

 


 

* Protectora independiente de animales sin hogar desde hace más de 20 años.

 

 

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