Pinta tu estado de ánimo

¿Sabías que el color de tu habitación influye en tu estado de ánimo, así como en tus horas de sueño? Existen colores que relajan o estimulan el sueño, por lo que sería interesante que tomaras en cuenta la siguiente información al decorar tu cuarto: el azul estimula el descanso más que cualquier otro color, ya que se asocia con la calma, el mar y el cielo, y disminuye el ritmo cardiaco y la presión arterial. El amarillo es el segundo mejor para dormir, seguido del verde, cuyos efectos se reflejan en el optimismo y el positivismo al despertar. Por el contrario, las personas que decoran en púrpura o café descansan menos e, incluso, puede tener pesadillas.

Qué sueño…

Si te gusta el vino tinto probablemente habrás experimentado somnolencia después de tomarlo. Estudios realizados en la Universidad de Milán han descubierto que las uvas con las que se elabora contienen melatonina, la hormona que regula el sueño. En tres de las variedades de uva estudiadas, Nebbiolo, Merlot y Cabernet, se han encontrado las mayores concentraciones de esta hormona, que antes se pensaba se producía solamente en el cuerpo de los mamíferos. Esta sustancia también se ha hallado en la cerveza, y aunque ambas bebidas inducen al sueño, se trata de un adormecimiento que en realidad no ayuda a recuperarse del cansancio.

¿Sabes dónde llueve más?

El lugar del mundo donde llueve más días al año es el Monte Waialeale en Hawaii, con un promedio anual de 350 días de lluvia. En este lugar, donde las precipitaciones pluviales ocurren prácticamente todos los días, los vientos del sudeste se topan con el monte y son forzados a ascender. Al elevarse, el aire se enfría y se condensa formándose tupidas nubes que se precipitan fuertemente en la ladera desde donde sopla el viento. Este monte, que también es un volcán de grandes dimensiones, tiene un promedio de 11,500 mm de agua caída desde 1912, y ostenta el récord de 17,300 mm de lluvia, registrado en 1982.

No te compliques

La expresión “meterse en camisa de once varas” comúnmente es utilizada para señalar cuando alguien se complica la vida enormemente de forma innecesaria. Sin embargo, lo que no todo mundo sabe es su origen, el cual se sitúa en la Edad Media, en las ceremonias de adopción de un niño. El padre debía meter al niño por la manga de una gran camisa hecha para la ocasión, después lo sacaba por la cabeza o el cuello de la prenda y le daba un fuerte beso en la frente como prueba de la aceptación de la paternidad. El dicho refleja una exageración de las dimensiones de la camisa, la cual no podía medir once varas, lo equivalente a unos nueve metros.

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