Cynthia Modesto Castro

 

La Patagonia, región que comparten Argentina y Chile, es encantadora en todos sentidos: está llena de paisajes inolvidables, vida silvestre, aventura al extremo y provoca una sensación de pequeñez ante la majestuosa naturaleza. Disfruta esta crónica de viaje a dos de los sitios imperdibles de la Patagonia argentina: El Calafate, hogar de los glaciares, y Ushuaia, inequívocamente llamada el “fin del mundo”.

La aventura comienza en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, rumbo a la bella Buenos Aires. Como no hay vuelos directos a ninguno de los dos destinos —El Calafate y Ushuaia—, hay que hacer escala en la ciudad. Por supuesto, éste es un buen pretexto para quedarse algunos días en la capital cultural de América Latina.

Desde Buenos Aires hay que tomar un vuelo de aproximadamente tres horas y media rumbo a El Calafate, y luego viajar en automóvil aproximadamente media hora rumbo al pueblo.

El Calafate, un pequeño pueblo con cabañas de madera, donde puedes disfrutar dulces y licores de calafate (un fruto rojo, del que toma el nombre la localidad), el delicioso cordero patagónico (muy parecido al cabrito), el Glaciarium —un centro de investigación de glaciares que ofrece a modo de museo la historia del parque nacional y resultados de diversas exploraciones—, y ahí mismo un divertido glaciobar, o bar de hielo, que ofrece todas las cervezas, los vinos y los cocteles que puedas beber durante la hora que dura la experiencia a -10º centígrados.

Ahí, en El Calafate, hay diversas opciones de hospedaje, y ahí también se contratan los tours a los glaciares y se renta la ropa y el equipo adecuados para caminar en el hielo.

El Parque Nacional Los Glaciares, que alberga diversos y espectaculares témpanos de hielo, te dejará sin aliento. El glaciar más famoso es el Perito Moreno, porque a diferencia de todos los demás, éste es el único que crece sin parar. Además, es el más comúnmente explorado por turistas en actividades de trekking. Sin embargo, existen otros glaciares más grandes, como el Upsala, el Spegazzini y el Viedma. Juntos forman un paisaje irreal que dilata la pupila y emociona al corazón.

Hay todo tipo de tours para los diversos gustos y edades, desde observar el glaciar y obtener asombrosas fotografías hasta caminar un par de horas por el Perito Moreno. Yo recomiendo el tour Big Ice, que incluye un recorrido en barco por el Lago Argentino para observar de cerca los glaciares y, si eres suertudo, atestiguar el desprendimiento de algún pedazo de hielo, y un trekking de siete horas por las profundidades del glaciar, para conocer las cuevas y la extraña fauna del lugar. Se trata de un tour de un día completo, pues el traslado de El Calafate al Perito Moreno se hace en un par de horas en camión, otro par de horas de regreso, y otro par de horas de caminata en montaña sin hielo para finalmente pisar el hielo y caminar sobre él.

No dejes que nadie te cuente; lánzate a esta aventura y explora la naturaleza. Además, obtén envidiables fotografías del glaciar desde una gran variedad de ángulos exclusivos.

La siguiente parada es el “fin del mundo”, adonde, para llegar, hay que tomar un vuelo corto desde El Calafate. Le dicen el fin del mundo porque Ushuaia es la ciudad más austral (más al sur) de todo el planeta. Y lo único más al sur de este lugar es la Antártida. Se trata de un pequeño puerto rodeado de montañas nevadas, con exquisita comida marina, mucho frío, helados de crema de leche, tours a la Antártida y un recorrido en el Ferrocarril Austral Fueguino, mejor conocido como Tren del Fin del Mundo, en el Parque Nacional Tierra de Fuego.

Es muy recomendable aprovechar un día para ir al Museo Marítimo y del Presidio de Ushuaia. Es un espacio adaptado de lo que antes fue una de las cárceles de mayor seguridad de Argentina. Comenzó siendo una prisión construida por los 580 reos de la región de Lapataia, que con el paso del tiempo se convirtió en el espacio que albergaría a algunos de los peores delincuentes del país. Uno de los reos más famosos que estuvo confinado ahí fue el cantante de tango Carlos Gardel. El museo tiene muchas historias que contar.

El Parque Nacional Tierra de Fuego es una parada obligatoria. La travesía comienza con el recorrido a bordo del Tren del Fin del Mundo, un antiguo ferrocarril conservado en buenas condiciones que antes transportaba a los reos a la prisión. También puedes caminar a la Bahía Lapataia, observar a los castores hacer sus túneles, y deleitarte con los bellos paisajes de una de las franjas que dividen a Argentina de Chile.

De regreso en el pueblo no dejes de probar su especialidad culinaria: la centolla, un animal marino que pertenece a la familia de los crustáceos, muy parecido a los cangrejos de río, pero cuya carne es mucho más suave. En todos los restaurantes de Ushuaia la preparan de diversas formas, pero la más típica es al vapor, pues sirven la centolla completa a la mesa, y el comensal, con ayuda de unas pinzas, la va cortando, quitándole la cáscara para disfrutar la carne. Va acompañada de verduras al horno. Una delicia que no te puedes perder.

Otra actividad imprescindible de este viaje es la observación de pingüinos, para lo cual hay que realizar un tour en barco durante cinco horas hacia el sur, rumbo a la Antártida. En este tour se pueden observar lobos marinos, grandes concentraciones de aves y, finalmente, la pingüinera, una isla repleta de diversas especies de pingüinos, incluido el majestuoso emperador. Este recorrido concluye con la visita a Les Eclaireurs, un gran faro que orienta la navegación de los barcos. Un paseo helado, hermoso e inolvidable.

Luego de que tus ojos se regocijen con estos lugares asombrosos, regresarás a México feliz de haber conocido una de las regiones más bonitas que tiene el continente americano. Abrígate bien y lleva calzado rudo para caminar mucho. ¡Buen viaje!

 

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