¿Ves tu trabajo sólo como una obligación más en el día, o como una parte importante de tu vida? ¿Enfrentas los problemas como una oportunidad para superar las dificultades o te sientes paralizado? ¿Temes a los cambios? ¿Dudas antes de actuar y dejas que otros decidan por ti? Cuando cometes un error, ¿aceptas la responsabilidad? Dependiendo de tus respuestas a las preguntas anteriores es posible determinar si eres un líder o un seguidor. Pero, ¿qué significa ser un líder?

  

 

Ser un líder no tiene nada que ver con un puesto de trabajo, con dar órdenes, tener empleados a cargo y una buena oficina o ganar mucho dinero, sino con lo que se transmite a los demás para inspirarlos a dar lo mejor de sí mismos; un líder es alguien que sabe a dónde va y hace que los demás lo sigan. Ahora bien, seguir a otras personas no necesariamente es negativo (sobre todo si las tomamos como modelos a seguir); lo malo es que nos convirtamos en seres sumisos, esperando a que los demás nos digan qué hacer. Un seguidor debe ser un miembro del grupo o del equipo de trabajo que se identifique con la visión del líder y con sus objetivos, que acepte metas elevadas y desafiantes y que comparta los mismos valores y las mismas creencias de su líder.

El objetivo de un buen líder es conseguir que su equipo trabaje de manera efectiva, tanto de manera individual como grupal, lo cual constituye un verdadero reto porque los grupos están formados por personas diversas, con intereses propios. Por ello, el líder debe defender la independencia de un miembro de su grupo apoyándolo en el uso de todo su potencial y creatividad y estimulando su sentimiento de pertenencia para crear un verdadero equipo.

Podemos encontrar ejemplos de grandes líderes en todos los ámbitos de la vida, tanto en el mundo de los negocios y de la política como en el mundo del deporte. Gandhi fue un ejemplo de líder político pacifista; Steve Jobs mostró liderazgo en el mundo de los negocios, y Maradona, en el ámbito deportivo. En todos los casos, estos líderes generaron entusiasmo en los demás, inspirándolos para que dieran su máximo esfuerzo.

Cualquier persona, sin importar su puesto de trabajo o su nivel económico, puede ser un gran líder, una cualidad fundamental en la sociedad, en las organizaciones y hasta en los hogares. Sin embargo, no todos llegan a desarrollar un verdadero espíritu de liderazgo debido a que nuestro entorno nos programa para ser seguidores.

A continuación presentamos ocho de los rasgos de personalidad más importantes que deben poseer las personas con capacidad de liderazgo.

 

1. Habilidades comunicativas

La comunicación debe producirse en dos sentidos: el líder debe expresar de forma clara, concisa y asertiva las ideas, las instrucciones y las opiniones para conseguir que su mensaje sea escuchado y comprendido. También debe tener la capacidad de escuchar y de tomar en cuenta las opiniones de los demás.

 

2. Escucha activa

Los buenos líderes siempre están abiertos a las preocupaciones de los miembros de su grupo. La comunicación y el liderazgo van de la mano cuando hablamos de un buen líder. La escucha activa implica observar y preguntar, ser flexible, y tener confianza, apertura y firmeza. Ya no se trata sólo de saber qué necesidades tienen los equipos, sino también de escucharlos activamente, para conocer sus ideas y llevarlas a la práctica.

 

3. Inteligencia emocional

Implica la capacidad de descubrir las emociones y los sentimientos propios, de reconocerlos y manejarlos, y dirigir adecuadamente las relaciones personales.

 

4. Capacidad para establecer objetivos, planificar y desarrollar

El líder es capaz de guiar a su equipo hacia un objetivo determinado, trazando un plan en el que organiza, dirige, controla y analiza su evolución; asimismo, especifica las acciones que deben cumplirse, los tiempos y las personas que las realizarán, así como los recursos que se emplearán. La habilidad de liderazgo también debe entenderse como la capacidad de delegar tareas, ya que cuando la responsabilidad se traslada a los empleados éstos se motivan y aseguran su lealtad.

 

5. Proactividad

El líder es proactivo porque se anticipa a los acontecimientos en lugar de sólo esperar a que sucedan para reaccionar a ellos. La gente proactiva generalmente no necesita que se le pida que actúe, ni requiere instrucciones para saber cómo hacerlo.

 

6. Confianza y motivación

Los líderes no temen al cambio y buscan mejorar constantemente, para lo cual se apoyan en la confianza en sí mismos y en el trabajo que realizan diariamente. Motivan e inspiran a los miembros de su grupo y fomentan su entusiasmo por el proyecto.

 

7. Trabajo arduo

El buen líder es capaz de realizar una actividad que requiera un esfuerzo físico o mental, trabajando incluso más que los otros para demostrar con su implicación, responsabilidad y planificación que las dificultades se superan con esfuerzo. Además, el líder siempre está dispuesto a hacer más de lo que exige a los otros.

 

8. Predicar con el ejemplo

Albert Einstein dijo que “el ejemplo no es la mejor manera de enseñar, sino la única”. Y esto es especialmente cierto cuando se habla de la relación entre un líder y su equipo. El líder debe ser el primero en trabajar duro, en tomar las responsabilidades y, a su vez, en hacerlo con honestidad, ética y autenticidad.

Al encontrar un equilibrio entre estos ocho puntos, las posibilidades de convertirse en un buen líder aumentan. La tarea de un líder es fundamental en la sociedad, en las organizaciones y hasta en los hogares, pues un verdadero líder se pone de manifiesto cuando actúa en beneficio de todos.

Si piensas que para llegar a ser un líder es necesario cambiar radicalmente la historia del mundo, recuerda que todos los líderes han sido personas como tú, de carne y hueso, y que el liderazgo se refleja en diferentes aspectos de la vida, desde los más pequeños hasta los más grandes; así, un padre de familia puede ser un líder en su casa y dirigir correctamente y hacia el éxito el destino de su familia.

 

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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