De 1980 a la fecha, la prevalencia de obesidad y sobrepeso en México se ha triplicado, particularmente en la población adulta, de la cual 39.5 por ciento sufre sobrepeso y 31.7 por ciento obesidad. En resumen, siete de cada 10 mexicanos padece esta enfermedad, razón por la cual nuestro país ocupa el segundo lugar de obesidad a nivel mundial en adultos y el primero en obesidad infantil. ¿Sabes cuáles son las características de una persona obesa?

 

 

El sobrepeso y la obesidad se asocian con incremento de enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes mellitus, hipercolesterolemia, aterosclerosis y cáncer de mama, próstata, ovario, útero, colon y páncreas.

A pesar de que hay influencias genéticas, de comportamiento y hormonales para el peso corporal, la obesidad se produce cuando se ingieren más calorías de las que se queman a través del ejercicio y de las actividades cotidianas normales. El cuerpo almacena ese exceso de calorías en forma de grasa.

Algunos tips rápidos para saber si se tiende a la obesidad son los siguientes:

 

Índice de masa corporal

La obesidad se diagnostica cuando el índice de masa corporal (IMC) es de 30 o más. Un índice de masa corporal normal o saludable se halla entre 18.5 y 24.9. Para calcular el índice de masa corporal se debe dividir el peso en kilogramos (kg) entre la estatura en metros (m) al cuadrado.

 

Medir tu cintura

La zona del vientre es el lugar donde más se acumula la grasa. En concreto la visceral, el tipo más peligroso, porque rodea los órganos del abdomen, lo cual puede favorecer la aparición de enfermedades cardiovasculares. La cintura de las mujeres debe ser menor de 80 cm, y la de los hombres, menor de 90 cm.

 

Índice de cintura-cadera

Este índice se obtiene dividiendo la medida de la cintura (cm) entre la mediad de la cadera (cm). En las mujeres debe dar un resultado menor a 0.84, y en hombres, menor a 0.94. Si ese resultado es mayor, entonces existe mayor riesgo de presentar obesidad y enfermedades relacionadas, como la diabetes.

 

Dieta y hábitos alimentarios poco saludables

El aumento de peso es inevitable si se consumen más calorías de las que se queman. La dieta de la mayoría de las personas que sufren sobrepeso y obesidad contiene demasiadas calorías y está repleta de comidas rápidas y de bebidas con alto contenido de calorías, con porciones demasiado grandes, pero con pocas frutas y vegetales, lo que definitivamente influye en el aumento de peso.

 

Inactividad

Si no se realiza mucha actividad, no se queman tantas calorías. Si el estilo de vida es sedentario es muy fácil que todos los días se ingieran más calorías de las que se usan al hacer ejercicio y para realizar las actividades cotidianas normales.

 

Enfermedades asociadas

Tener problemas de salud, como diabetes, artritis, lesiones en articulaciones, puede suponer menor actividad, lo que contribuirá al aumento de peso.

 

Factores de riesgo

Por lo general, la obesidad es consecuencia de una combinación de causas y factores que contribuyen a que se desarrolle. Por lo tanto, hay que tomar en cuenta los siguientes factores de riesgo:

  • Genética. Los genes pueden afectar la cantidad de grasa corporal que uno almacena y determinar dónde se distribuye. La genética también puede cumplir un rol respecto de la eficiencia con la que el cuerpo convierte los alimentos en energía y cómo quema calorías durante el ejercicio.
  • Estilo de vida de la familia. La obesidad tiende a presentarse en toda la familia, si uno de los padres o ambos son obesos. En estas condiciones, el riesgo de ser obeso es mayor, además de que los factores genéticos se relacionan con los hábitos alimentarios y de actividad física que lleva a cabo toda la familia.
  • Medicamentos. Algunos sustancias pueden provocar aumento de peso si no se compensan con dieta o con actividad física. Entre estos medicamentos se encuentran algunos antidepresivos, anticonvulsivos, antídotos para la diabetes, antipsicóticos, esteroides y betabloqueantes.
  • Problemas sociales y económicos. La investigación ha vinculado la obesidad con factores sociales y económicos. Es difícil evitar este problema si no se tienen lugares seguros para realizar ejercicio. De manera similar, es posible que no se hayan enseñado formas saludables de cocinar o quizá no se tenga el dinero suficiente para comprar alimentos más saludables, pero la falta de información y de educación nutricional es la que influye más en este punto, ya que las personas que tienen poco dinero lo gastan en alimentos que no son saludables (refrescos, papas fritas, sopas preparadas y hasta pizzas). Además, las personas con las que se convive más tiempo pueden influir en el peso: es más probable que se desarrolle obesidad si los amigos o los familiares son obesos.
  • Edad. La obesidad se puede presentar a cualquier edad, incluso en niños pequeños. Sin embargo, a medida que se envejece, los cambios hormonales y un estilo de vida menos activo aumentan el riesgo de padecerla. Asimismo, la cantidad de músculo en el cuerpo tiende a disminuir con la edad y esta masa muscular mermada produce una reducción del metabolismo. Estos cambios también reducen las calorías que se necesitan, por lo que pueden hacer que resulte más difícil evitar el exceso de peso. Si no se controla de manera consciente lo que se come y no se aumenta la actividad física a medida que se envejece, es muy probable que se produzca un aumento de peso y de grasa corporal.
  • Embarazo. Durante este proceso las mujeres forzosamente aumentan de peso. Para algunas, después del nacimiento de su bebé es difícil bajar ese peso que ganaron. Ese aumento de peso puede contribuir a la manifestación de la obesidad.
  • Fumar. Con frecuencia, dejar de fumar se asocia con el aumento de peso, ya que el tabaco desempeña un papel importante a nivel psicológico y emocional y muchas veces, cuando una persona decide dejar de fumar, come más por ansiedad, con lo cual aumenta el riesgo de presentar obesidad. Sin embargo, a largo plazo, dejar de fumar sigue siendo más beneficioso para la salud.
  • Falta de sueño. No dormir lo suficiente o hacerlo en demasía puede provocar cambios hormonales que aumentan el apetito. También es posible que se incrementen las ganas de consumir alimentos con alto contenido de calorías e hidratos de carbono, que pueden contribuir al aumento de peso.

Aun cuando se tengan uno o más de estos factores de riesgo, eso no significa que se esté destinado a ser obeso. La mayoría de estos factores de riesgo se puede contrarrestar mediante una dieta, actividad física y ejercicio, así como a través de cambios de comportamiento, es decir, llevando un estilo de vida más saludable.

 

 


 

* Licenciada en nutrición.

 

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