Febrero es el mes del amor y por eso hemos dedicado la sección de moda al atuendo más romántico que puede utilizar una mujer en su vida: el vestido de novia.

 

 

 

En toda boda la protagonista es la novia. Ella es el blanco de todas las miradas y por esta razón debe lucir al máximo. El fetichismo que existe en el universo femenino por el traje de novia implica una gran ilusión, pero también una gran presión social y cultural. Para la mayoría de las chicas que se van a casar, elegir el vestido más que un placer resulta un tormento. Esto no significa que no existan mujeres seguras de sí mismas que saben exactamente lo que quieren, pero, por desgracia, son las menos. Lo cierto es que la gran mayoría de las novias, al tomar esta decisión, sufren un bloqueo en el que ningún modelo les complace o, por el contrario, todos les fascinan y sencillamente no saben por cuál decidirse. Por esta razón ya es una práctica común que las novias usen hasta tres vestidos: uno en la boda civil, otro en la religiosa y uno más en la fiesta. Pero como no todos los futuros maridos pueden permitirse darle este capricho a su amada, muchas tienen que conformarse con un solo vestido.

En este espacio te ofrecemos una pequeña guía práctica que te será de suma utilidad cuando afrontes este proceso de decisión. Así que respira profundo, concéntrate y lee con atención los siguientes consejos.

 

Conócete a ti misma

La mayoría de los miembros del sexo femenino pasan largo tiempo contemplándose en el espejo; más que a vanidad, se debe a un estudio exhaustivo de sí mismas y, en especial, de sus supuestos defectos. Desde temprana edad toda chica comprende que debe aprender a “sacarse provecho”, y aunque ésta es una noción que puede indignar a las feministas, lo cierto es que arreglarse para llamar la atención del sexo opuesto es una programación biológica. Cuando una mujer ha dedicado suficiente tiempo a esta labor y tiene una autoestima razonablemente sana, sabe qué le favorece y lo que sencillamente no le sienta bien, por mucho que le guste. Y éste es el punto de partida para tomar cualquier decisión respecto del atuendo: “Usar lo que te sienta bien”, lo cual también aplica para el gran evento que es una boda. Las ocasiones especiales no son el momento para experimentar con algo nuevo. Es comprensible que busques algo atractivo, pero no puede ser algo desconocido. Más bien tiene que ser una versión especial de algo que ya has probado y comprobado, y que te hace lucir bella.

 

Elige tus puntos focales

Un punto focal es la zona de una prenda que de inmediato llama la atención, puesto que el diseño de la misma está pensado para que sea así. Tu vestido de novia debe llevar el punto focal en la zona de tu cuerpo que más te hace lucir, sea tu sensual escote, tus delicados hombros, tu elegante cuello, tus bien formadas caderas o tu cintura de avispa. Cada quien sabe cuál es la mayor virtud de su figura y el vestido de novia debe resaltarla, sin importar el estilo de la prenda en sí. Ahora bien, puede haber más de un punto focal, pero el principal debe estar situado en la parte de tu cuerpo más favorecida. Para determinar el principal punto focal de un vestido puedes hacer el siguiente ejercicio: mira el vestido de frente, luego cierra los ojos y ábrelos lentamente. Lo primero que llamó tu atención será el punto focal.

 

Armoniza los detalles

Ahora que sabes qué debe destacar de ti el traje de novia, es momento de poner atención a los detalles. Es un error común querer que el vestido tenga demasiados adornos, lo que puede recargarlo y hacerlo hasta cursi. Elige un tema principal: ya sea el encaje, los bordados, las aplicaciones de pedrería, los olanes, etcétera. Éste debe ser el detalle principal y se puede repetir numerosas veces en tu vestido. Después puedes elegir un segundo tema que debe aparecer moderadamente en el vestido, aunque lo ideal es quedarse sólo con uno. Tener más detalles es arriesgarse a caer en lo sobrecargado y, en consecuencia, en el mal gusto. Recuerda que entre lo sublime y lo ridículo existe una línea muy fina.

 

La hora, el lugar y la época del año

Cuando hayas transitado por los cuatro pasos anteriores entonces es momento de empezar a pensar si la boda es de mañana, de tarde o de noche. Si es en la ciudad, en un bosque o en una playa. Si te vas a casar en primavera, en verano, en otoño o en invierno. Para todas estas consideraciones las empleadas de las boutiques de vestidos de novias te pueden orientar, pero lo más importante es que cuando llegues a tomar en cuenta los elementos externos de tu boda es porque ya tienes una idea clara de qué características debes buscar en tu vestido.

Recuerda que al final tu boda es tu día y lo más importante es que te sientas hermosa para disfrutar una experiencia inolvidable.

 

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