Una correcta alimentación es indispensable para cualquier persona, pero lo es más durante la infancia para asegurar un adecuado crecimiento, tanto físico como mental. ¿Has analizado si estás alimentando correctamente a tus hijos?

 

 

La alimentación en el lapso que corresponde a la infancia de una persona determinará su desarrollo en todos los aspectos: biológico, psicológico y social, ya que en esta época es cuando se forma la personalidad, donde se aprende a resolver problemas y se adquieren muchos conocimientos.

Una alimentación correcta del niño durante sus primeros años de vida va a repercutir positivamente en su estado de salud, así como en su habilidad para aprender, comunicarse con los demás, pensar y racionalizar, socializar, adaptarse a nuevos ambientes y personas y, sobre todo, optimizar su rendimiento escolar. Una buena alimentación también puede influir notablemente en su futuro, ya que los primeros años de la vida de la persona se caracterizan por el crecimiento físico y el desarrollo psicosocial y constituyen el periodo en el que la alimentación influye de manera más clara en el desarrollo de la persona y cuando se enseñan los hábitos que determinarán su estado de salud en el futuro.

La niñez se divide en tres periodos específicos:

1) Primer año de vida. Durante esta etapa, la leche materna es ideal para el recién nacido, ya que cubre sus demandas de energía y nutrimentos, proporciona protección contra infecciones gastrointestinales y respiratorias, y satisface las necesidades emocionales y psicológicas tanto del niño como de la madre. Un lactante bien alimentado y sano tiene la energía suficiente para responder y aprender de los diferentes estímulos que se le van presentando.

La lactancia materna cubre las necesidades los primeros cuatro a seis meses de vida.

La edad mínima para empezar la ablactación, esto es, la introducción de otros alimentos diferentes a la leche, es al cuarto mes de vida, y se recomienda empezar con verduras, luego frutas, después cereales y proteínas de origen animal y, al final, leguminosas.

1) Edad preescolar (de uno a seis años). En esta etapa, en que el niño está al final del primer brote de crecimiento, es indispensable fijar hábitos de alimentación e higiene. Durante este periodo se conforman los gustos personales y de los cuatro a cinco años de edad varía mucho su gusto por los alimentos: lo que antes les gustaba es posible que ahora ya no les guste, o bien es difícil que acepten alimentos nuevos.

Las raciones recomendadas diarias para esta edad son las siguientes: tres de leche (leche o yogurt), tres de fruta, dos de verduras, de cuatro a cinco de cereales (pan, tortilla, pasta, papa, cereal, arroz), dos de productos de origen animal (pollo, res, pescado, huevo, queso) y de media a una ración de leguminosas (frijoles, lentejas, etcétera). Las bebidas recomendadas son el agua natural y el agua de fruta natural, de las que deben tomar por lo menos un litro al día. Se recomienda, en la medida de lo posible, que la comida sea preparada en casa y disminuir el consumo de los alimentos preparados industrialmente.

3) Edad escolar (de seis a 12 años). Durante esta etapa ocurren cambios en el crecimiento y en la composición corporal que modifican la forma del cuerpo y las necesidades nutrimentales. Ahora los amigos o los pares juegan un papel importante y los niños empiezan a relacionarse con los alimentos en un ámbito social.

En esta edad las raciones recomendadas diarias son las siguientes: de dos a tres de leche (leche o yogurt), cuatro de fruta, tres de verduras, de seis a ocho de cereales (pan, tortilla, pasta, papa, cereales, arroz), de tres a cuatro de productos de origen animal (pollo, res, pescado, huevo, queso) y una ración de leguminosas (frijoles, lentejas, etcétera). Las bebidas recomendadas siguen siendo el agua natural y el agua de fruta natural, de las cuales se deben tomar por lo menos un litro y medio al día. Se recomienda, en la medida de lo posible, que la comida sea preparada en casa y disminuir el consumo de los alimentos preparados industrialmente.

Lo adecuado o inadecuado de la dieta se refleja en el estado de nutrición. Por eso es indispensable evaluar a los niños periódicamente (cada tres o cuatro meses), ya que las necesidades de nutrimentos van aumentando en relación con el peso, debido a que es una época de crecimiento y desarrollo de huesos, dientes y músculos. Las recomendaciones de energía y proteínas obedecen al metabolismo basal, a la actividad física y a la tasa de crecimiento. El aporte adecuado de vitaminas y minerales es indispensable para lograr su desarrollo adecuado, los más importantes de los cuales son el calcio, la vitamina D, el fósforo, el hierro y el zinc.

 

Algunas recomendaciones para que los niños coman sanamente

 

  • Asignar horarios de alimentación. Esto genera un hábito de horarios y ayuda a los pequeños a tener una rutina y a asociar qué alimentos deben consumir en cada etapa del día, como el desayuno, el almuerzo o lunch, la comida, la colación de media tarde o merienda y la cena. Además, teniendo horarios establecidos disminuyen muchos problemas asociados con la digestión.
  • Preparar platillos llamativos y atractivos. Las frutas y las verduras pueden ayudar a este propósito. Es importante estimular los sentidos de los niños y orientarlos para que ellos mismos elijan alimentarse sanamente. Se pueden preparar diferentes platillos al día, con combinaciones que incluyan los tres grupos de alimentos del “Plato del bien comer” y toda su variedad de sabores, colores y texturas.
  • Ofrecer opciones para consumir menos calorías. Es importante distinguir los alimentos nutritivos de los menos nutritivos. Debemos enseñarles a cuidar las calorías que consumen, incluyendo los alimentos light y los postres, como gelatinas y repostería.
  • Servir raciones pequeñas y combinar los grupos de alimentos. El niño tiene que aprender a comer de todo, pero siempre con moderación. Es mejor servir raciones pequeñas, pero preparando platillos completos y equilibrados, que servir grandes cantidades de un solo alimento. Si realmente tienen hambre, pueden repetir.
  • Asegurar una dieta completa, pero respetar la cantidad que pide el niño. El niño debe comer, dependiendo de su edad, de su tamaño y también de su apetito, ya que éste último nos dice mucho de las necesidades reales del pequeño.

 

La salud y el bienestar de los niños depende de la alimentación. Los padres deben transmitir a sus hijos la idea de que la alimentación es muy importante, ya que de ella depende su salud y por eso se le debe dar a la comida la importancia que se merece, evitando jugar con los alimentos y proscribiendo los malos hábitos a la hora de comer.

En conclusión, la dieta ideal en la infancia es la que logre ser completa, equilibrada, variada y suficiente, y que proporcione tanto la cantidad como la calidad de nutrimentos necesarios para favorecer tanto el desarrollo como el crecimiento de los niños, proporcionándoles hábitos saludables para el resto de su vida.

 


 

* Nutrióloga.

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