La gastronomía poblana es una de las más conocidas y alabadas a nivel mundial pero actualmente pocas personas conocen la historia de cómo fueron creados dos de los platillos que han puesto al estado en boca de todos.

La gastronomía es un elemento característico de México. Gracias a la riqueza y a la gran variedad de recetas que la conforman es considerada Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad por la UNESCO. La cocina poblana, en particular, representa un elemento clave para esta denominación, ya que cuenta con platillos reconocidos a nivel internacional, muchos de los cuales tienen su origen en las cocinas de los conventos.

Sólo algunos saben que el mole, los chiles en nogada y los dulces típicos tienen sus orígenes en las cocinas conventuales y que nacieron por el deseo de las monjas de agradar a reconocidas personalidades que visitaron Puebla en épocas pasadas.

El mole poblano

Es símbolo de la gastronomía nacional y el platillo mexicano más famoso del mundo. Su creación data de 1700, cuando las monjas del convento de Santa Rosa buscaban elaborar algo digno del virrey español Tomás Antonio de la Serna y Aragón, que visitaba la ciudad. La mezcla creada por sor Andrea de la Asunción incluye, entre otros, diversos tipos de chile, jitomate, cebolla, canela, ajonjolí, almendras y chocolate.

Su nombre surgió como consecuencia de un error de pronunciación. Cuenta la historia que el aroma de la creación de sor Andrea despertó la curiosidad de las monjas, que al encontrarla en uno de los metates, rompieron el voto de silencio y exclamaron: “¡Qué bien mole el chile, madre!” y ella respondió: “Se dice muele el chile, no mole el chile, por Dios, pero gracias por darle nombre a mi platillo”.

Esta creación les valió a las monjas del convento de Santa Rosa de Lima el reconocimiento del virrey, quien dio órdenes precisas de que se premiara a las creadoras del mole, por lo que mandó a forrar toda la cocina con azulejo de talavera poblana, desde el piso hasta las paredes, los arcos y las bóvedas.

Actualmente, el ex convento alberga un centro cultural, que incluye una biblioteca y un museo donde se presenta una muestra de las artesanías elaboradas en Puebla, así como de las vestimentas y los trajes típicos más antiguos. Además, se puede visitar la cocina que vio nacer el mole poblano.

El chile en nogada

La historia del chile en nogada es similar: la primera vez que se elaboró fue en 1821, cuando Agustín de Iturbide visitó Puebla, después de la firma del Acta de Independencia de México. Con motivo de su cumpleaños, las madres agustinas del convento de Santa Mónica decidieron elaborar un plato que tuviera los tres colores de la bandera mexicana: utilizaron el chile poblano para el color verde, la nogada para el blanco y la granada para el rojo.

Actualmente, los chiles en nogada se pueden disfrutar durante agosto y septiembre, que es cuando se produce la nuez de Castilla, utilizada para elaborar la salsa blanca, denominada nogada. El chile va capeado y relleno de picadillo con fruta, piñón y otras especies.

Los dulces típicos poblanos

Los dulces más reconocidos —camotes de fruta, canelones, mazapanes, turrones, jamoncillos y muéganos— fueron realizados por primera vez por las monjas del convento de Santa Clara. Durante los siglos XVI y XVII algunos conventos de Puebla eran verdaderas fábricas y las monjas competían en ingenio y dedicación para preparar y ofrecer a la sociedad poblana y a los extranjeros los mejores dulces y galletas que había en la ciudad, con originales formas y presentaciones.

Posteriormente fueron elaborados por los antiguos pobladores de la ciudad de Puebla que creaban exquisitos dulces con frutas y semillas, ricos caramelos de miel y leche envueltos en hojas de agradable aroma y toda clase de delicias para consentir el paladar de habitantes y extranjeros por igual.

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