Rodeada por los viñedos de Languedoc-Rosellón, la Cité de Carcasona es la ciudadela medieval fortificada más grande de Europa. Al recorrer sus calles tenemos la sensación de transportarnos en el tiempo y de formar parte de la historia de este lugar maravilloso. Acompáñanos a este destino, patrimonio de la UNESCO desde 1994.

 

 

En el corazón del país cátaro, iberos, romanos, visigodos, sarracenos y francos dominaron la ciudad durante siglos, antes de que el papa Inocencio III enviara a sus cruzados a Languedoc-Roussillon, en el siglo XIII, para combatir a los albigenses o herejes cátaros.

Para los cátaros no había un solo dios, sino que existían dos realidades opuestas: el bien y el mal, y dos divinidades irreconciliables: Dios y Satán. El primero era el creador del mundo espiritual, y el segundo había creado todo lo material. El espíritu vivía prisionero en el cuerpo, atrapado por los deseos y las pasiones. Jesucristo, hijo de Dios, era un ser puramente espiritual que vino a la Tierra para proporcionar un bautismo que garantizaba la salvación: el consolamentum, que se había ido transmitiendo desde entonces mediante la imposición de manos. Era el único sacramento que admitían los cátaros, y lo administraban los miembros más puros de la comunidad, los bons homes, a quienes con sarcasmo la Iglesia católica llamó “perfectos”.

Los cátaros eran ascetas, vegetarianos y célibes, no recaudaban el diezmo, ni se otorgaban tierras ni ventajas de ningún tipo. Eran muy exigentes consigo mismos, no tenían servicios religiosos obligatorios, no hacían distinción de sexos para la vida religiosa, creían en la reencarnación y en la dualidad de las cosas, rechazaban los juramentos y sostenían que en sí mismo el amor llevaba la salvación. En el fondo era un movimiento gnóstico, altamente liberal, lo cual implica que creían que la salvación llegaba por el conocimiento de Dios.

Ya en manos del rey de Francia la ciudad amplió las fortificaciones y se erigió en un punto estratégico de la frontera entre Francia y la Corona de Aragón. Carcasona alcanzó entonces su esplendor, convirtiéndose en refugio de artistas y juglares que recitaban sus poemas en una lengua romance, la langue d’òc, u occitano.*

 

La Cité de Carcasona

En realidad, Carcasona está formada por dos ciudades, la Nueva y la Antigua, separadas por el río Aude y conectadas por el Puente Viejo. En lo alto de la colina surge la Cité, la ciudadela medieval fortificada.

La ciudadela tiene 52 torres y dos recintos concéntricos de murallas. Eugène Viollet-le-Duc se encargó de reconstruirla en el siglo XIX, basándose en planos y documentos históricos. Sin embargo, hizo aportaciones personales, por lo que también se considera una de las primeras restauraciones con fines turísticos de la historia.

 

Caminar por la Cité

La visita a pie por la Cité comienza en la Puerta de Narbona, flanqueada por torres gemelas y por un puente levadizo ideado por Viollet-le-Duc. Tras cruzarlo, lo recomendable es pasear sin rumbo por el laberinto de callejuelas con casas medievales, algunas convertidas en cafés, restaurantes y comercios.

La Rue de Saint-Louis está llena de tiendas, anticuarios y talleres de artistas. En esta calle se encuentra el Hôtel de la Cité, un recinto de ensueño rodeado de jardines, con un restaurante gourmet que cuenta con una estrella Michelin y vistas espectaculares.

En la ciudad amurallada hay muchos locales para catar los vinos del Languedoc o probar el suculento cassoulet, un platillo típico preparado con alubias blancas y carne que se sirve en una cazuela de barro.

Todas las callejuelas de la Cité conducen al Castillo Condal, la última defensa que incorporó el recinto. Esta fortaleza dentro de otra fortaleza fue construida en el siglo XII, rodeada por un foso y custodiada por robustas torres. Destacan los matacanes o galerías de madera, desde las cuales se lanzaban proyectiles. Hoy en día la palestra se ha convertido en un paseo donde los visitantes se transportan al medievo y pueden apreciar formidables paisajes.

 

La Basílica de Saint-Nazaire

Es un templo del siglo XI con modificaciones del XIII. Conserva su estructura románica en la parte posterior, que contrasta con el gótico luminoso del ábside y el transepto. Sus magnificas vidrieras (siglos XIII y XIV) fueron desmontadas pieza a pieza durante la Segunda Guerra Mundial para preservarlas de los bombardeos y del expolio de los nazis que habían ocupado el castillo en 1944.

 

Tras el Puente Viejo

Al cruzar el Puente Viejo que enlaza la Cité amurallada con la ciudad nueva, la Bastide Saint-Louise aparece como una urbe ordenada y acogedora, con casas señoriales y palacetes que testimonian el auge de la próspera industria textil de Carcasona en el siglo XVIII. La plaza Carnot es el centro de este barrio. En torno de su fuente de Neptuno, desde la Edad Media se pone el mercado las mañanas de martes, jueves y sábados. Hay que visitar la catedral de Saint-Michel, incendiada en 1355 y reedificada en estilo gótico, y el pórtico de los jacobinos, el último vestigio de las cuatro puertas de la muralla que rodeaba la ciudad baja en el siglo XIV.

 

La leyenda de la Dame Carcas, origen del nombre de la ciudad

Antes de llegar al puente levadizo está la estatua de Madame Carcas, quien fuera la mujer del rey sarraceno Balaack. Cuenta la leyenda que cuando Carlomagno llegó al sur de Francia, comenzó a asediar a Carcasona, cuyo rey Balaack defendió con ahínco su territorio. Pero en uno de los combates el monarca falleció y su esposa, Dame Carcas, tuvo que hacer frente a la situación. Durante cinco años, Carlomagno asedió la ciudad amurallada pero no logró penetrarla. Los años de asedio causaron graves estragos en la población, por la falta de agua y de alimentos. Ante la desesperada situación, Dame Carcas ordenó colocar muñecos de paja en las murallas y lanzar flechas de ballesta, para hacer creer al enemigo que seguían en pie de guerra. Cuando ya no quedaba más que un solo cerdo y algo de trigo en toda la ciudad, Dame Carcas tuvo una idea. Cebó al cerdo con el trigo y lo arrojó por la muralla. Al caer, se reventó y todo el trigo se esparció por el suelo. Por lo tanto, Carlomagno pensó que la ciudad tenía tantos recursos que incluso cebaban a los cerdos, así que se dio por vencido y emprendió la retirada. Al ver esto, Dame Carcas quiso firmar la paz con Carlomagno, por lo que hizo sonar las trompetas de la ciudad y los soldados le dijeron al emperador: “Carcas sonne” que quiere decir “Carcas suena”, de donde proviene el nombre de la ciudad.

Fuente: www.nationalgeographic.com.

 


* El occitano u oc (occitan o langue d’òc) es una lengua romance de Europa hablada por dos millones de personas, casi todas en el sur de la actual Francia.

 

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