No hay nada más hermoso que un cachorro juguetón. Pero lograr que un cachorro se desarrolle en las mejores condiciones requiere algunos cuidados. Aquí te decimos cuáles son.

 

 

Procurar a la madre desde que nos damos cuenta de que está preñada es muy importante, ya que depende de la salud de ella que los cachorros nazcan en buenas condiciones. Durante este periodo debe alimentársele con croquetas de alta proteína y llevarla al veterinario de manera periódica para revisar su estado de salud, realizar ultrasonidos y supervisar cómo va el desarrollo de sus cachorros.

Después de 60 días, las crías estarán listas para salir al mundo. El parto debe ser vigilado por nosotros o por el veterinario, ya que en algunos casos los cachorros tienen un tamaño más grande de lo esperado o se hallan en una mala posición y será necesario realizar una cesárea. Cada cría viene en un único saco embrionario, que será limpiado con algunos lengüetazos por la madre para ayudar a respirar a sus criaturas. Si notamos que el cachorro no puede respirar, debemos auxiliar a su madre, tomando a la cría, retirándole el saco embrionario y dándole un masaje en el pecho. Mucha gente asegura que si tenemos contacto con el cachorro, a la postre la madre lo rechazará; pero eso es falso pues ella conoce nuestro olor y aceptará que sí lo toquemos.

Durante las primeras dos semanas, los cachorros dependen exclusivamente de su madre. Hay que colocarlos en un lugar retirado de ruidos y lejos de otros animales, pues al nacer son prácticamente ciegos y aún no pueden caminar, no obstante que su oído ya está desarrollado al cien por ciento. A veces, cuando nacen muchas crías, a la más débil le cuesta trabajo llegar hasta su madre y comer. Entonces podemos ayudar preparando una fórmula especial para mascota, o bien, una fórmula para recién nacido de uso humano, y dársela con una jeringa (sin aguja), aproximadamente de 3 a 5 ml, cada tres o cuatro horas.

A las cuatro semanas los cachorros han desarrollado su vista 80 por ciento y sus extremidades son fuertes para caminar. Es el momento en que la madre comienza a dejarlos solos a ratos. Sin embargo, debemos supervisarlos ya que comienzan a explorar el mundo que los rodea, por lo cual hay que retirar objetos del suelo potencialmente peligrosos, tapar los contactos eléctricos y retirar cables con los que puedan tropezar, ya que por su curiosidad pueden sufrir accidentes y asfixias.

Mantenerlos dentro de casa, en lugares con temperaturas cálidas, evitará que se enfermen de las vías respiratorias. Podemos sacarlos al jardín o al patio a tomar el sol, pero no a la calle, a menos que sea cargándolos, pues si olfatean el lugar donde defecó u orinó otro perro podrían contagiarse de alguna enfermedad. Recordemos que todavía no cuentan con sus vacunas.

A las cinco semanas comienzan a salirles los dientes, por lo que la madre empieza a rechazarlos, pues sus crías le dan constantes mordidas en las ubres. Es momento de cambiar su alimentación. Podemos prepararles una papilla con alimento para cachorro y un poco de miel. Conforme vayan aprendiendo a comer esta papilla, podemos darles algunas croquetas completas.

A las seis semanas de nacidos deben haberse fortalecido sus extremidades y su comportamiento debe ser más vivaz y curioso. Éste es el momento de aplicar sus vacunas: moquillo y parvovirus con sus respectivos refuerzos, quíntuple o bordetela, leptospirosis, adenovirus y, finalmente, rabia. Estas vacunas deben aplicarse cada semana.

Después de completar su ciclo de vacunas debemos esperar una semana más para que éstas hagan efecto de manera eficaz. El parvovirus, la leptospirosis y el moquillo son enfermedades muy difíciles de erradicar, sobre todo en cachorros, ya que afectan rápidamente sus sistemas digestivo, respiratorio y neuronal, y pueden provocarles la muerte.

Es importante aplicarles una dosis de desparasitante, pues a veces la madre —que durante la gestación no puede tomar medicamentos— padece parasitosis y es posible que transmita los parásitos a sus pequeños. Uno de los síntomas que produce este tipo parásitos en el intestino de los cachorros es un abdomen excesivamente laxo. Recordemos que los parásitos pueden llegar a inundar sus intestinos y hacerlos colapsar, así como invadir otros órganos, provocando la muerte de la cría.

A esa edad ya podemos darles un baño con agua tibia bajo el sol y secar su pelo de manera concienzuda para que no sufran enfriamientos. Su sistema respiratorio aún es muy endeble, por lo que no debemos arriesgarnos a que se enferme. También podemos bañarlos en seco, con espuma de uso veterinario. No es recomendable utilizar pipetas antipulgas, ya que pueden causarles algún tipo de alergia o envenenamiento; éstas se pueden utilizar cuando el cachorro ha cumplido seis meses de edad.

Si adoptamos un cachorro, debemos tener los mismos cuidados que hemos descrito antes, ya que es difícil conocer las condiciones en que lo parió su madre y la de él mismo antes de que llegara con nosotros. Debemos vacunarlo y desparasitarlo, así como bañarlo para evitar infestas de pulgas o de garrapatas. En caso de que detectemos algún tipo de sangrado en sus heces, debemos llevarlo al veterinario inmediatamente para que le prescriba un tratamiento, y realizarle análisis de parvovirus y moquillo.

A las cuatro y cinco semanas los cachorros ya tienen la energía para jugar y aprender. Es un buen momento para que convivan con la familia y con otras mascotas, pero debemos tener mucho cuidado si hay niños en casa, ya que, como los bebés humanos, sus huesitos y su cabecita aún son frágiles y, al ser cargados, podrían lastimarse. No debemos agitarlos ni soltarlos al depositarlos en el suelo, pues podrían sufrir una fractura en sus extremidades y, en algunos casos, lesiones graves en su cráneo que podrían provocarles problemas neuronales de por vida.

Es muy importante que cuando los cachorros sean dados en adopción hayan completado su ciclo de vacunas y ya no dependan alimentariamente de su madre, pues, de lo contrario, podrían enfermarse y deprimirse.

Se cree que un perro no aprende trucos ni acata órdenes en esa etapa de su desarrollo, pero la verdad es que es el mejor momento para enseñarle las reglas de la familia, porque su curiosidad lo vuelve más abierto al aprendizaje. Para que un cachorro aprenda rápido y establezca apego con nosotros, debemos hablarle constantemente, repitiendo su nombre para llamarlo, jugando con él y apapachándolo mucho. Él se sentirá muy amado y tratará de complacernos. Su rutina de paseos (después de que se haya completado su ciclo de vacunas) hará que su lazo afectivo con nosotros sea más grande. También hay que enseñarle que debe usar collar y correa para salir de casa; a la postre, las salidas a la calle serán tranquilas y no se jaloneará. Asimismo, hay que adiestrarlo para que sepa dónde debe hacer sus necesidades, para que identifique sus horarios de comida y para que intuya qué debe tocar y qué no, así como para que socialice con la gente y con otros animales; todo esto será mucho más fácil a esa edad.

Recuerda que un cachorro es como un niño: debemos enseñarle lo bueno y lo malo, pero también tenemos que proporcionarle una buena dosis de amor y de apoyo para que crezca más sano y más feliz.

 


 

* Protectora independiente de animales sin hogar desde hace más de 20 años.

 

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