Jesús Valdez de los Santos/UV

Este 28 de agosto celebramos en México el Día del Abuelo. Aun cuando no es una fecha que acostumbremos celebrar, como el 10 de mayo, es muy importante que tengamos en cuenta la importancia de nuestros abuelos, pues gracias a ellos nuestras familias han llegado a ser lo que son.

Imaginemos por un momento a nuestros abuelos y sus vidas, sin la tecnología a la que estamos acostumbrados. La mayoría de ellos tuvo una descendencia numerosa y no disponían de comida rápida, ni celulares, ni computadoras. Para ellos la televisión fue una gran novedad, a pesar de que la conocieron en blanco y negro.

En el tiempo que les tocó vivir, los viajes eran lentos e implicaban largas travesías en tren. Pero tuvieron la fortuna de apreciar los ríos de agua cristalina y no sufrieron los terribles embotellamientos de tráfico de las calles de nuestras ciudades.

Su vida era más sencilla, más tranquila, pero también más ruda, por no tener las comodidades con las que contamos en la actualidad.

Se casaron, tuvieron hijos y lucharon por sacarlos adelante. Esos hijos se casaron a su vez y tuvieron sus propias familias, y los abuelos se quedaron en casa, preguntándose cuál sería el futuro de sus hijos y de sus nietos frente a los cambios que llegaron con los tiempos modernos.

Pensemos por un momento: ¿qué lugar les hemos dado en nuestra familia? ¿Estamos conscientes de que son el origen de ella? ¿Recordamos la dirección de su casa y su número telefónico? ¿O se han convertido en un mal necesario?

Los abuelos son un símbolo de la experiencia y de conocimiento, porque ya recorrieron el camino que nosotros apenas estamos descubriendo.

¡Quién mejor que un abuelo para consentir a los niños! Cuando éramos pequeños, sin duda todos recibimos de nuestros abuelos una golosina, un pastel horneado, nos dejaron saltar en la cama, nos defendieron de las “terribles” reglas paternas… Tal vez podremos entenderlo cuando seamos abuelos.

Admiremos a nuestros abuelos, cuidémoslos y aprendamos de ellos. Benditos sean por lo que aportan a nuestras vidas y bendito sea este Día del Abuelo, que nos da la oportunidad de recordar el valor de su presencia y de que, de no ser por ellos, nosotros simplemente no estaríamos aquí.

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