Aunque generalmente asociamos la palabra “estrés” con efectos negativos para la salud, como algo desagradable y que debe evitarse, el estrés también puede tener algunos beneficios si sabemos cómo usarlo a nuestro favor.

 

 

¿Hay momentos en que te sientes estresado con la vida y el trabajo? A nadie le gusta sentir estrés, pero a veces es necesaria cierta dosis para poder realizar actividades y cumplir objetivos. Aunque siempre relacionamos el estrés con una consecuencia negativa, una pequeña porción puede ayudarnos a mejorar nuestro desempeño físico y mental.

Recordemos que desde tiempos remotos el hombre primitivo intuía peligros al acecho y respondía ante ellos, huyendo o luchando. Un cierto nivel de estrés ayudó a nuestros antepasados a escapar de los peligros y a sobrevivir entre especies depredadoras. En la actualidad no escapamos de depredadores, pero sí experimentamos situaciones en las cuales está presente cierta dosis de estrés que nos ayuda a resolver situaciones de conflicto, que se convierten en una oportunidad para mejorar nuestras capacidades.

Manteniendo una actitud positiva ante el estrés y aprendiendo a manejarlo adecuadamente podemos tomar ventaja de las situaciones que en apariencia resultan incómodas.

 

El estrés ayuda a entender las emociones

Si ponemos atención a nuestro cuerpo, es posible descifrar diferentes emociones. Por ejemplo, cuando los músculos del cuello o los hombros están tensos y no logramos relajarlos, es probable que estemos enfrentando una situación inquieta ante la cual nos sentimos fuera de control. En este caso, tanto el cuello como los hombros nos están pidiendo que nos relajemos y descansemos. Las señales que el cuerpo nos envía nos permiten reconocer emociones que generan estrés.

 

El estrés señala la presencia de un peligro

Imagina que una noche vas caminando por una calle oscura y de repente se produce un ruido a tus espaldas. ¿Qué haces? ¿Cómo reacciona tu cuerpo? Inmediatamente interpretarás: “¡Ruido… en una calle oscura!” y en milésimas de segundo tu primera reacción será huir o prepararte para la lucha, porque estás en medio de una calle oscura y no en la comodidad de tu casa y es probable que haya una persona cerca. Ante esta situación estresante despliegas una gran cantidad de energía en un periodo corto de tiempo, tu vista se agudiza y adquieres mayor fuerza y determinación para enfrentar el problema.

Sin embargo, también enfrentamos situaciones de conflicto en nuestras actividades cotidianas, como en el trabajo, en la escuela y en las relaciones personales, en cada una de las cuales el estrés puede ayudarnos a resolver de forma satisfactoria cada situación. No se genera el mismo nivel de ansiedad al tener una discusión con el jefe que al hacer un examen, o al huir de un perro rabioso.

 

El estrés nos prepara para conductas y emociones positivas

¿Recuerdas las emociones que experimentas cuando vas a hacer algo que te gusta mucho, como ver a tu novio? Los actores de teatro o los cantantes experimentan cierto nivel de nerviosismo previo a cada presentación, mismo que los motiva a realizar un mejor desempeño.

 

Aumenta la motivación

Un cierto nivel de estrés permite tener la motivación necesaria para terminar una tarea inconclusa o para llevar a cabo las actividades del día a día. Está demostrado que mientras más tiempo libre tenemos para realizar las actividades cotidianas, más tardamos en concluirlas; por el contrario, somos más eficaces y tenemos mayor energía física y mental cuando debemos distribuir nuestro tiempo en una serie de tareas.

 

Mejora la capacidad intelectual y la memoria

El estrés puede mejorar el estado de alerta, el rendimiento y la memoria, ya que es un potenciador cognitivo que incrementa la destreza mental y ayuda a mejorar la capacidad profesional y académica. Además, un poco de estrés también puede aumentar el rendimiento físico y la resistencia, debido a que provoca la liberación de adrenalina, la cual acelera el ritmo cardíaco y ayuda al metabolismo.

 

Evita la depresión y la monotonía

Los acontecimientos estresantes intermitentes probablemente son los que mantienen el cerebro más alerta y los que le permiten desempeñar mejor sus funciones cuando una persona está en peligro, ya que mientras existe poco estrés se cae en un estado de aburrimiento y hasta de depresión. Esta situación es muy común entre las personas jubiladas, ya que, ante la falta de los habituales niveles de estrés, propios de un empleo, encuentran en las actividades rutinarias de casa muy poca estimulación para sentirse productivos.

 

El estrés nunca va a desaparecer de nuestras vidas, pero podemos usarlo para mejorar nuestro día a día. Cuando la ansiedad se vuelve extrema, existen técnicas para regular esos altos niveles de estrés entre las cuales están la relajación muscular, la meditación, la relajación por medio de la imaginación y, por supuesto, el ejercicio físico. Lo más importante es que aprendamos a escuchar a nuestro cuerpo, ya que siempre está tratando de decirnos algo.

 

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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