Isaac Torres Quiroz*

Formas inspiradas en la naturaleza y en la mitología, cuerpos desnudos y temas galantes y amorosos, alejados del arte religioso, son algunos de los motivos característicos del rococó, movimiento artístico nacido en Francia a mediados del siglo XVIII.

La arquitectura rococó se desarrolló, principalmente, en París entre 1730 y 1760 como una reacción natural a las estrictas reglas del estilo anterior: el barroco, ya que éste se basaba en ideas muy marcadas de grandiosidad, simetría y uso constante de líneas rectas. Por esto el rococó implementó la decoración y el uso de las formas de manera más libre, asimétrica y con la constante de la forma curva y circular inspirada en la naturaleza como uno de sus elementos principales.

Las construcciones de este estilo se caracterizaron por su ornamentación recargada, columnas en espiral, colores claros, luminosos y suaves mucho más elegantes que los empleados en el barroco, fundamentalmente el color dorado.

El término rococó proviene de las palabras francesas rocaille, que significa piedra o roca, y coquille, que significa concha. Originalmente el término se aplicaba a un trabajo barato y de mala calidad con el que se cubrían las grutas artificiales con pedazos de conchas de mar. Como suele suceder, esta palabra era usada de manera despectiva hasta que obtuvo un valor diferente.

Una anécdota interesante

A la muerte de Luis XIV, su heredero natural era su bisnieto Luis XV. Sin embargo, éste era menor de edad, por lo que durante ese tiempo gobernó Felipe de Orleans, quien inició la transición del barroco al rococó alejado por completo de temas religiosos, mediante lo que hoy en día se conoce como barroco tardío o estilo Luis XV, término con el que muchos estamos familiarizados, sobre todo en el tema del diseño de muebles.

Gracias a los avances tecnológicos, los vanos en los muros pudieron hacerse más grandes de lo acostumbrado, para que las ventanas fueran más amplias. De ese modo se instituyó el uso de la “puerta-ventana”, mejor conocida como “puerta francesa”, con la cual, según los arquitectos de la época, los espacios interiores establecían mayor contacto con la naturaleza.

La importancia de la decoración en la arquitectura rococó propició que el diseño de interiores fuera de la mano del diseño exterior. De esa manera, cada elemento decorativo se percibía como parte del edificio gracias al trabajo preciso y minucioso de los arquitectos que diseñaban dicha ornamentación. Evidentemente, lo anterior provocó que los costos se elevaran y que este tipo de arquitectura sólo pudiera ser llevada a cabo por la nobleza o por los adinerados burgueses.

Difícilmente se puede encontrar una construcción de estilo rococó en un edificio público. También es importante recalcar que este movimiento tuvo su auge en el “Siglo de las Luces”, esto es, durante el comienzo de la Ilustración, lo cual dio como resultado que tampoco se construyeran muchos edificios religiosos con estos cánones estéticos.

El rococó se extendió por toda Europa, en especial a España, Portugal, Alemania, Italia y Austria, país en el que encontramos maravillosos ejemplos de este tipo de arquitectura. Sin embargo, no duró mucho. En 1760 las ideas de Voltaire y Rousseau se fueron entendiendo de manera más clara y permearon al pueblo francés, que rechazó el exceso de lujos y lo superfluo del estilo, dando cabida al próximo estilo arquitectónico: el neoclasicismo.

Los representantes más destacados del rococó son los arquitectos Jean Courtonne y Robert de Cotte, quienes construyeron varios edificios importantes en Francia durante el periodo que duró ese estilo en ese país.

El edificio Helblinghaus, en Innsbruck, Austria, construido a mediados del siglo XVIII, es uno de los ejemplos más importantes de este estilo. Otros ejemplos importantes es la abadía benedictina de Ottobeuren, que inició su construcción en 1748; la iglesia de peregrinación de los Vierzehnheiligen, en la ciudad de Banz, Alemania; el parque de Nymphenburg, cerca de Múnich; la cúpula de la Basílica de San Andrés, en Mantua, Italia, y el castillo de Rívoli, también en Italia.

En resumen, la arquitectura rococó es fina y elegante, estuvo basada en el rompimiento de ideas estéticas preestablecidas desde la arquitectura griega y clásica, y tuvo como principales características la ornamentación y el uso de formas orgánicas basadas en la naturaleza. Asimismo, representó un verdadero rompimiento ideológico, y los edificios diseñados con las normas de este estilo que continúan en pie hoy en día son considerados los más bellos del mundo, lo cual nos habla del valor estético del movimiento.

Aunque no duró mucho, podemos afirmar que este estilo es predecesor de otros tantos que han marcado tendencias a lo largo de la historia de la arquitectura y el diseño; por ejemplo, el art nouveau, el modernismo representado por el famoso arquitecto Antonio Gaudí e incluso la arquitectura actual de vanguardia basada en formas curvas y libres.

NOTAS

* Arquitecto por la Universidad Iberoamericana.

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