Isaac Torres Quiroz*

El uso de formas curvas, la asimetría, la tendencia a la sensualidad de las formas y el empleo de diversos materiales en una sola construcción son algunas de las características del art nouveau, estilo arquitectónico que pretendió crear un arte nuevo, joven, libre y moderno, que representara una ruptura con los estilos dominantes en la época.

El art nouveau es un movimiento artístico que surgió en Bélgica a finales del siglo XIX y que tuvo su mayor auge a principios del XX, y cuya mayor exposición tuvo lugar en la arquitectura, el diseño industrial y el diseño gráfico. Inició en el contexto histórico de la belle époque en Europa, en la que se respiraba un ambiente progresista, en medio de un gran avance industrial que veía la posibilidad de explotar los recursos naturales al máximo en beneficio del ser humano. Este movimiento artístico tomó su nombre de la exposición del pintor noruego Edvard Munch en la parisina galería de arte La Maison del Art Noveau. Si bien se le conoció con este calificativo, tuvo diferentes nombres según el país donde se desarrolló. Por eso también fue conocido como como modernismo en España, floreale en Italia y liberty en Inglaterra.

Para algunos conocedores el origen del art nouveau se encuentra en el movimiento neogótico o gothic revival de principios del siglo XIX y en su evolución hacia otros movimientos como el arts and crafts en Estados Unidos o las tendencias artísticas de mediados de aquel siglo que se caracterizaron por el descubrimiento del arte oriental. Todo lo anterior, sin duda, fungió como un caldo de cultivo para que el art nouveau se desarrollara, aunado, claro está, a las nuevas técnicas de construcción con acero y a las posibilidades técnicas de forjar curvas con la madera. El diseño vanguardista y el costo de los nuevos requerimientos técnicos propiciaron que este estilo fuera elitista, pues sólo existen ejemplos de este movimiento artístico en grandes casonas burguesas, en importantes almacenes de la época y en algunos edificios públicos.

Este estilo representó una liberación respecto de formas anteriores. Y si bien la modernidad se había extendido y ocurrieron cambios teóricos en la concepción de las ciudades, todavía hacía falta un lenguaje que representara la nueva época. De este modo se desarrollaron las características del art nouveau, las cuales se pueden resumir en el uso de formas curvas, la asimetría, la estilización de los ornamentos, la tendencia a la sensualidad de las formas y el empleo de diversos materiales en una sola construcción: hierro, madera, ladrillo, cerámica y vidrio.

La principal fuente de inspiración de este arte nuevo fue la naturaleza, de manera que tomó como ejemplo las formas orgánicas que provenían de aquélla, además de que encontró motivos ornamentales con temas de flores y de hojas. Es importante destacar que este estilo arquitectónico fue el primero que no buscó imitar ni replicar un estilo anterior, por lo cual se puede afirmar que fue un movimiento original.

Las formas orgánicas y libres rápidamente se trasladaron al diseño industrial. Por eso, en el estilo art nouveau los edificios llegaron a ser obras integrales de maravillosa belleza en las que se podían observar ventanas, muros, sillas, mesas, balcones, pinturas, etcétera, bajo las mismas premisas estéticas que lograban un conjunto armónico en los espacios, cuestión que ha sido admirada hasta la actualidad.

Si bien las curvas son parte casi indispensable de este estilo arquitectónico, existieron dos variantes: la primera, u orgánica, se caracterizó por las formas curvas y cuyos principales representantes fueron Víctor Horta, Henry Van de Velde y Antonio Gaudí, y la segunda, o geométrica, se distinguió por el uso de formas más rectas y cuyos representantes fueron Otto Wagner, Charles Mackintosh y Frank Lloyd Wright.

Algunos de los ejemplos más característicos de este tipo de arquitectura son la sede del partido socialista en Bruselas, Bélgica; la banca postal de Viena; la iglesia del hospital psiquiátrico, también en Viena, todas obras del arquitecto Otto Wagner; el Pabellón de la Secesión del arquitecto José María Olbrich, también en Viena; la Casa Bloemenwerf del arquitecto Van de Velde que se encuentra en Uccle, Bélgica; el Palacio de las Bellas Artes, en Bruselas, diseñado por Víctor Horta, y la Escuela de Arte de Glasgow, diseñada por Mackintosh, en Escocia

Y en España se halla probablemente el más grande representante de este estilo arquitectónico, el catalán Antonio Gaudí, autor de verdaderas obras maestras, entre las cuales no podemos dejar de mencionar la Casa Batlló o la Pedrera como las mejores muestras del art nouveau —o modernismo, como se le llamaba en España—. Otro gran ejemplo de este estilo arquitectónico son las estaciones de metro de París, diseñadas por Hector Guimard. Por su parte, Riga, en Letonia, es la ciudad europea con más edificios de este estilo.

En México, uno de los estilos importados por la sociedad porfirista fue precisamente el art nouveau, el cual se desarrolló en la Ciudad de México embelleciendo algunas calles del Centro Histórico y de las colonias Juárez y Roma. De los edificios más reconocidos de esta época se pueden mencionar el Gran Hotel de la Ciudad de México y el Palacio de Hierro del Centro Histórico.

El Palacio de las Bellas Artes originalmente había sido diseñado con las características de este estilo arquitectónico, pero debido a que la construcción fue suspendida, y puesta en marcha hasta 1931, cuando el art nouveau ya había pasado de moda, las obras se continuaron bajo otras especificaciones estéticas.

En general, el art nouveau es uno de los estilos arquitectónicos más originales y bellos que han existido, bajo cuyos cánones se desarrollaron algunos de los espacios más interesantes que existen en nuestra ciudad y en gran parte del mundo.

NOTAS

* Arquitecto por la Universidad Iberoamericana.

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