Evita los errores más comunes en redes sociales

 

¿Alguna vez te has “peleado” con alguien en las redes sociales? Comienza bien el año descubriendo cómo utilizar los medios electrónicos para establecer relaciones constructivas.

 

 

Otro año abre sus oportunidades y mucha gente fija su atención en seguir planes de muy diferente tipo para alcanzar un objetivo. Entre las metas más populares destacan bajar de peso, dejar de fumar, ejercitarse más o aprender un nuevo idioma, entre millones de grandes y pequeños sueños dignos de ser alcanzados y por los cuales poner voluntad y esfuerzo diarios. Toda acción inclinada al progreso de la persona sin duda logra un mejoramiento para la vida inmediata y el entorno.

Pocos piensan, sin embargo, en mejorar su comunicación en línea y en la forma en que se relacionan con los demás a través de las redes sociales, sobre todo tomando en cuenta su influencia. Estos medios se han convertido en un escaparate donde se puede colaborar y relacionarse con amigos lejanos o cercanos, pero también se prestan para los malentendidos que, en casos terribles, han terminado con relaciones y amistades. Por eso aquí te presentamos cuatro de los errores más comunes a la hora de dialogar por internet, para evitar las rupturas virtuales con gente real. Como dice una sentencia moderna: “Si hablar amablemente a las plantas les ayuda a crecer, imagínate lo que puede hacer hablar amablemente a los seres humanos”.

 

Todo, todo, todo

Un error común a la hora de intercambiar puntos de vista consiste en tomar un caso aislado y convertirlo en modelo general. “Los extranjeros de X país son ladrones”, “Quienes se tatúan son delincuentes”, “Los pobres lo son porque no trabajan”, son algunos ejemplos de generalizaciones que, además de incorrectas, permiten entrever otros sentimientos equivocados y hasta peligrosos en la persona que los manifiesta, como el racismo o el clasismo.

Para cometer ese error hay que estar conscientes de que uno o varios casos aislados no constituyen una regla. Por eso, antes de presentarlos como pruebas de nuestros asertos, lo mejor es buscar una forma alterna que deje en claro su excepcionalidad; por ejemplo: “en algunos casos”, “algunas personas”, “a veces”…

 

Déjame explicarte lo que piensas

Otro error que a menudo sólo conduce a la falta de comprensión entre quienes sostienen una discusión consiste en reconstruir las palabras del interlocutor de modo que suenen estúpidas o, al menos, lo suficientemente incoherentes como para que no sean tomadas en serio. Se debilita la idea del otro al deformarla, lo cual sirve para atacarla con mayor efectividad. En lógica se le conoce como “muñeco de paja”, porque deriva de una comparación boxística: para cualquier púgil es más sencillo derribar a un rival inerte que a uno de verdad. “Lo que dicen es que quieren acabar con la libertad de comercio”, gritan algunos cuando se propone restringir las comidas chatarra, o cuando a los que se oponen al mal uso de una tecnología reciente se les achaca que “quieren vivir en las cavernas”.

La mejor manera de revertir esta falacia es repetir nuestra posición y compararla con la que el oponente ha tergiversado, para que queden muy bien diferenciadas las dos posturas (la ficticia y la verdadera).

           

O conmigo o contra mí

Todos pertenecemos a un grupo, familia, sociedad e, incluso, a un equipo. Por eso algunos suponen que se debe estar siempre de acuerdo con los intereses del propio grupo, así no estén justificados o carezcan de razón. A menudo se cuestiona la fidelidad del individuo, contrastándola con las inclinaciones de un colectivo. Ésta es una manera chantajista de inmiscuir las emociones (por amistad, por favores pasados, etcétera) para imponer una razón fraudulenta. No se puede olvidar que, bajo este dilema, en 2001 el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, convocó a una guerra que aún no termina y que ha dejado a cientos de miles de personas en terribles condiciones.

El mejor antídoto contra la “falacia de lealtad” es mantener la independencia de nuestra postura marcando claramente los límites de nuestra lealtad y señalando la bajeza de ese recurso que pretende hacernos cambiar de opinión.


Atacar el argumento, no a la persona

Cuando el diálogo ha alcanzado un punto álgido, no falta quien busque convertir el asunto que se discute en la posibilidad de ofender al sujeto. “Sólo un idiota pensaría que lo que yo digo es falso”, “No estás de acuerdo con los piropos callejeros porque eres fea”. La cuestión aquí es poner en duda la credibilidad del adversario recurriendo a una estrategia que pretende hacer creer que el atacado opina debido a un interés personal, a su parcialidad o a la mala fe. El pensamiento implícito es: “Como detesto a esta persona, no puede ni debe tener razón”.

La mejor forma de encarar esta situación (conocida como “ataques ad hominem”, esto es, “a la persona”) es señalar que se está eludiendo el tema principal. Debido a que en estos casos se puede pasar de las insinuaciones a la grosería directa, lo mejor es terminar estos diálogos que no llevan a ninguna parte. Quien agrede ha perdido el debate y justamente su actitud bravucona revela su falta de argumentos.

 

Un año mejor

La cortesía virtual comienza con una buena comunicación. Las disputas de las redes sociales no se quedan sólo entre los involucrados, sino que pueden implicar a una cantidad inimaginable de personas, por lo que ponderar bien las razones que se ponen en esas diferencias es indispensable. No sólo eso, también se deben evitar acciones que puedan ser perjudiciales para terceros, como compartir fotografías robadas (sobre todo si son de carácter sexual).

A pesar de que algunas personas consideran que lo que se publica en las redes sociales “no es serio” o “sólo es broma”, éstas han demostrado que pueden ser una herramienta poderosa para organizarse, divulgar ideas o difundir tropelías. Por ello, cuando se sostiene alguna discusión en internet, lo mejor es reflexionar bien acerca de lo que ha quedado escrito y las respuestas que se le han de dar. En gran parte, los seres humanos somos lo que expresamos. Si nuestras reacciones van cargadas de falsedades, se nota.

Un excelente año comienza con un mejor entendimiento de nosotros mismos y de la práctica consciente de la razón antes de la visceral emoción.

 

 


 

* Escritor de ficción narrativa, autor de los libros de cuentos Mi vida como payaso salvaje (2007) y Postales de Nundá (2016), y de la novela La noche que asolaron Tokio (2013).

 

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