El mundo de las apuestas alrededor de los eventos deportivos puede ser visto como una adicción o como un estresante entretenimiento. ¿Sabes de qué depende?

 

“¡Claro! ¡Yo sabía que ganaría!” ¿Cuántas veces hemos oído esta frase en voz de cientos de personas que, sin importar el evento deportivo al que nos refiramos, siempre sabían lo que iba a pasar?

Si tanto saben o tanto conocen serían ricos. Y sí, hay gente en todo el mundo que se dedica a eso. A algunos les va mal, a otros les va muy mal, a otros les va bien y a otros les va estúpidamente bien.

Y es que la apuesta, por definición, es el intento de predecir los resultados de un evento azaroso o de competencia.

La adicción al juego o a las apuestas es conocida como ludopatía y está catalogada como una enfermedad psicológica, o una adicción sin sustancia, es decir, que no requiere ningún agente toxicológico para causar un efecto detonante en el control de los impulsos. No es un vicio.

En el México de nuestros padres las apuestas eran un acto no muy bien visto en la sociedad. A quienes las practicaban se les tachaba de “jugadores”, “vividores”, “buenos para nada”, “holgazanes”, que sólo esperaban un golpe de suerte para resolver su futuro inmediato. Pero de unos años para acá apostar se ha convertido en lo que podría parecer una moda que está bien vista en ciertos círculos sociales.

Pero dejémonos de moralidades y enfrentemos el tema desde el punto de vista deportivo. ¿Cómo ha revolucionado el mundo de las apuestas deportivas la esencia del juego, de la competencia en sí?

Es bien sabido que el dinero mueve al mundo y que el mundo deportivo está involucrado en esta vorágine de empoderamiento económico. Se tiene conocimiento de innumerables tratos sucios que han oscurecido la pulcritud de una competencia “leal” entre equipos, peleadores, caballos y perros, y de muchas otras prácticas oficiales y no oficales.

De ese modo, los intereses económicos muchas veces han puesto en duda la autenticidad de los triunfos.

Hoy en día las casas de apuestas virtuales o digitales aparecen como Oxxos. La información que nos invade en torno de este tema es mucho mayor de lo que creemos: anuncios espectaculares que nos invitan a bajar la aplicación de apuestas en nuestros teléfonos celulares y que nos recuerdan que sólo con un clic ya estamos “jugando”; la publicidad en el transporte público que nos invita a visitar tal o cual casino donde hay una zona especial para realizar apuestas deportivas, además del clásico bingo o las maquinitas tragamonedas; los anuncios en radio, periódicos, revistas y televisión, donde lo que más llama mi atención es ese tipo de invitaciones sutiles llamadas “menciones”. Resulta que estás viendo en la televisión el partido Pumas vs. Necaxa. Es el minuto 23 del primer tiempo y el marcador permanece 0-0. Y a pesar de que esa parece la oportunidad perfecta para echarte un sueñito, lo que te hace salir de ese trance es la voz del comentarista deportivo que grita con el mismo énfasis con el que festejó el gol del “Chucky” Lozano contra Alemania: “¡Si en este momento apuestas 20 pesos a que ganan los Pumas puedes ganar 300 pesos; si apuestas a que empatan, obtienes 450 pesos, y si apuestas 20 pesos a que gana el Necaxa, te puedes llevar hasta 600 pesos!” ¡Ah, chingá! Yo le voy a los Pumas, pero de ganarme 300 a ganarme 600… ¡Fuerza, Rayos! Y ahí estás casi sin darte cuenta: echándole porras al Necaxa en contra de tu propia tradición, de tus colores, ¡de tu playera!

El hecho de que con uno ganes más y con otro ganes menos tiene una explicación. Se llaman “momios”. Para quienes no estamos familiarizados con los términos apostadores, los “momios” son algo así como una “vaquita” que se ha estado haciendo a favor y en contra de unos y otros. Y al final, si le vas al menos favorito y gana, paga más. ¿Cuánto, cómo y por qué? No lo sé.

Entrar ahí requiere días, meses y hasta años de estudio del perfeccionamiento de la técnica para saber apostar. Hay personas que han perdido todo. Hay quienes se divierten porque dicen que si un deporte te parece aburrido, sólo hace falta que le metas dinerito para que despierte tu interés. ¡Y cómo no! ¡Si el súper no se paga de amor a la camiseta! Y hay personas que dominan la técnica al grado de que han generado grandes fortunas.

Y ya ni hablar de la cantidad de apuestas que están disponibles. En el futbol americano hay apuestas hasta para saber de qué color es el Gatorade que le echarán encima los jugadores al entrenador ganador. Y son apuestas millonarias, claro, dependiendo de la cantidad de idiotas que le metan dinero a la “vaquita” del azul o el naranja.

En deportes como el box la cosa no es tan difícil, pues le vas a uno o le vas al otro. Y si gana al que le ibas pues te ganas una lana. Y olvídense de tener que ir a una casa de apuestas o entrar a una página de internet: las apuestas siempre las puedes hacer con tu compa, con tu vecino, con tu esposa, con tu hermana… A mí la verdad siempre me gustarán más las apuestas que ponen en entredicho la hombría, el valor o el simple orgullo. Lástima que acabo de perder una con la reciente eliminación de México en el Mundial de Rusia: en consecuencia, debo tomarme una foto en todas mis comidas durante un mes donde salga comiendo al menos… un “Chicharito”.

Buen viaje y hasta lueguito.

 


 

* Productor de televisión, profesional del entretenimiento y fan de los deportes.

 

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