Es un hecho que la moda de invierno resulta por mucho más interesante que su contraparte de primavera. Y es que la necesidad de cubrirse del frío es el perfecto pretexto para experimentar con novedosas formas de vestir.

 

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Las prendas para el frío tienen su propia lógica y forma de llevarse. Para comprenderlas mejor, a continuación nos acercaremos a ellas en tres de sus versiones arquetípicas, tratando de descifrar qué las hace tan cálidamente seductoras.

 

Las asombrosas prendas tecnológicas

Definitivamente la tecnología ha revolucionado a la moda, en especial cuando se trata de prendas para hacer frente a condiciones extremas como el frío invernal. El performance de materiales —como polartec, gore-tex, nautex, spandex y supplex nylon, además de la lycra— permite producir auténticas maravillas. Una de estas asombrosas prendas son las parkas, chaquetas capitonadas para el frío que también son impermeables y muy livianas, a pesar de ser notablemente voluminosas. Usadas originalmente por quienes practican deportes en la nieve, puesto que los mantenían bien abrigados y les permitían el movimiento del cuerpo, las parkas ya se han sumado al guardarropa urbano de invierno por todos los beneficios que aportan. De hecho, esta temporada en particular han sido llevadas a lo extragrande. De vivos colores, las parkas siempre parecen acoplarse a cualquier atuendo que se lleve debajo, otra virtud que las hace tan deseadas.

 

El siempre elegante abrigo

Si la sofisticación tiene una pieza maestra, sería el abrigo; su porte no sólo protege del clima sino también de ir por la vida mal vestido. Todos los abrigos son elegantes puesto que en ellos va invertido todo el arte de la sastrería que literalmente construye la silueta del que usa esta prenda. Pues bien, el abrigo asegura elegancia instantánea, pero no por ello se deben soslayar ciertas reglas para su uso. En primer lugar tenemos que los abrigos son de distintos largos: una norma que se debe observar es que mientras más largo sea, más formal será, y viceversa: mientras más corto, más casual. De esta manera, tenemos que los abrigos cortos son parte del atuendo informal, que los de un largo intermedio son los formales, y que los que casi llegan hasta el piso son para usarse de noche. Otro aspecto que hay que observar es la sobriedad; mientras más sencillo sea un abrigo más elegante resultará y será más fácil de llevar. Lo anterior no quiere decir que no se le puedan poner adornos, como cuellos o puños de piel, pero se debe tener presente que mientras más adornos tenga, menor será la limpieza y presencia de la prenda.

 

El polifacético suéter

De una calidez que invita al tacto y que protege gentilmente, el suéter es una prenda esencial para la época de frío. Nada es tan grato como envolverse en un suéter abrigador. Cómodos, prácticos y llenos de color, los suéteres nunca pasan de moda; por el contrario, constituyen una pieza indispensable para cualquier guardarropa. Además, un suéter ofrece tantas maneras de usarlo que a pesar de su sencillez se puede transformar en una auténtica declaración de estilo. Por ejemplo, tenemos que si se le lleva de forma casual, puede lucir divertidos coloridos y detalles como trenzas, grecas o dibujos. Los suéteres casuales suelen ser más voluminosas porque por lo general están tejidos con hilos más gruesos, lo que les da cierta apariencia artesanal. Pero lo anterior no significa que no se les pueda llevar debajo de chamarras y abrigos, siempre que éstos tengan la suficiente holgura para que este ensamble resulte cómodo. De una apariencia menos llamativa es el suéter formal, que es mucho más sencillo y de un tejido de menor espesor, al que se le conoce como jersey. Estas características permiten que se le use bajo prendas de sastrería, como el saco.

 

 

 

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