La espera terminó y estamos listos para disfrutar la Copa Mundial de Futbol de Rusia, en la que nuestra selección verá actividad a partir del día 17, cuando enfrente a Alemania, para luego encarar a Corea del Sur, el día 23, y cerrar la fase de grupos contra Suecia, el día 27.

¿Qué le espera a nuestra selección? Hace cuatro años, en nuestra edición sobre el Mundial de Brasil, publicamos el artículo “Mentalizados para… ¿perder?”, del que ahora me gustaría recordar algunas ideas, ya que con cada competencia internacional de futbol la historia parece repetirse: “¿Has escuchado acerca de la anhelada búsqueda por disputar el famoso ‘quinto partido’? O, aún más, ¿has oído a aquellos que, tras la euforia de una victoria efímera y con la autoestima por los cielos, dicen: ‘Vamos ser campeones’? Sin embargo, la realidad es muy diferente, ya que México nunca ha podido trascender en una Copa del Mundo. ¿A qué se debe la falta de éxito en el deporte mexicano?”

En el artículo “Ni Messi ni Cristiano serán campeones del mundo. ¡Ah! tampoco México”, que incluimos en esta edición, nuestro experto en deportes explica por qué nuestro país no trascenderá: “México ni ha terminado por encontrar un técnico con un sistema definido que le pueda dar el equilibrio entre las individualidades y el trabajo en conjunto, ni los jugadores han acabado de entender que ganarían más, lucirían más y tendrían más oportunidades en el extranjero si supieran lucir un futbol en equipo. Aquí cada quien se rasca con sus uñas y por eso no alcanza para más”.

Y tiene toda la razón. Desafortunadamente, este escenario no es exclusivo de nuestra selección de futbol. En numerosos ámbitos de nuestra sociedad existe una tendencia al egoísmo y a la búsqueda del interés propio que tiene un impacto absolutamente negativo para el desarrollo de nuestro país. Hace unos días, Diego Fernández de Cevallos afirmaba en el programa de radio de José Cárdenas —palabras más, palabras menos— que la descomposición social es resultado de la pérdida de valores éticos, cívicos y políticos, y que aunque muchos mexicanos cumplen cada día con la ley —a pesar de las imperfecciones y fallas humanas—, si hay millones de delitos al año quiere decir que hay millones de delincuentes en el país. Qué cierto es esto.

Así que la Copa del Mundo puede dejarnos una gran lección no sólo a nivel futbolístico, sino también a nivel social: mientras no nos esforcemos en nuestra vida individual por respetar la ley y los derechos de los demás, buscando el bien del “equipo”, seguiremos esperando el milagro del quinto partido, el milagro de tener un país mejor.

¿Qué te parece la idea de ir más allá de las individualidades para lograr la victoria? Ojalá que te animes. ¡Sí se puede!

 

Cordialmente,

 

Luis Arturo Pelayo

Director Editorial

 

 

 

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